04. Diamond Flash (Carlos Vermut, 2011)

Destellos de lucidez cinematográfica, nostálgica y simbólica

It's hard for many people to believe that there are extraordinary things inside themselves, as well as others. I hope you can keep an open mind.

El protegido (Unbreakable, M. Night Shyamalan, 2000)

Carlos Vermut irrumpía en 2011 en el panorama del largometraje español con un film insólito, personal, intimista, desgarrador y, por encima de todo, estimulante. Estimulante, por confiar en que sea el espectador quien pueda sacar sus propias conclusiones, sin más ayuda que la de unos diálogos a priori inconexos e irrelevantes, y encuadres fieles al plano medio fijo en los que la mayoría de veces se deja a la imaginación (es decir, fuera de plano) la acción clave. Por mantener la tensión desde el desconcierto, sin música extradiegética que pueda condicionar o importunar los pensamientos, preguntas y conclusiones del observador. Por encontrar una mezcla de géneros tan equilibrada como hipnótica, que va desde el thriller al terror psicológico, pasando por la comedia y la ciencia ficción, sin verse afectada por ningún tipo de fisura ni incongruencia dentro del relato. Y por homenajear al cómic y a los superhéroes, tanto por esos encuadres/viñeta, como por cuestionarse la verdadera naturaleza de esos “superhombres” y “supermujeres” a los que idolatramos.

Todos somos débiles y todos sacamos nuestras mayores fuerzas cuando es necesario enfrentarse a lo que no nos gusta. Pero el bien y el mal, en menor o mayor grado, siempre van de la mano. En última instancia, por cierto… esta es una reflexión muy Shyamalan.

Soledad, miedo, filias. Familia;

Egoísmo, principios. Identidad;

Violencia. Sangre.

Y destellos de diamante.

¿Esperanza?

Vermut divide Diamond Flash en cuatro capítulos, o números de cómic, cuyas cuidadas viñetas nos adentran poco a poco en su coherentemente sórdida propuesta. Porque la colección resulta ser una mirada a los necesarios secretos del individuo, de la familia, de la sociedad. A sus deseos y fantasías, y a la necesidad de amor hacia uno mismo y hacia los demás… Pero también es un dedo acusador hacia los que piensan que el sufrimiento, autosabotaje y placer por el dolor es cuestión de género. E incluso Vermut no dejará pasar la ocasión para realizar una sutil recriminación hacia una educación basada en la religión católica…

Así que el director, volcando en imágenes parte de su personal recelo social, dedica su propuesta a una generación, la nuestra (no hay más que atender al diálogo de la escena introductoria, que resume en pocos minutos la intención del realizador, y en el que se hace referencia a la compra de ese icono que fue la Super Pop), instándonos a recapacitar junto a él, a analizar nuestro entorno y en qué nos hemos convertido, o podemos convertirnos, debido a su influencia. Así que da igual que pensemos que las imágenes son realistas o, por el contrario, producto de la imaginación de alguno de los personajes. Da igual que no encontremos el sentido a ese fotograma que destroza la racionalidad del conjunto. Da igual que el desenlace parezca, como mínimo, inverosímil. Da igual, porque lo importante es que nos remueva a varios niveles (de protección, de autoprotección…).

En su momento algo defenestrada por ser considerada una copia austera de los films de Tarantino, y en especial de Kill Bill vol ½ (2003-2004), quizá ahora, mirando atrás y con la perspectiva que se merece, le hagamos mucha mejor justicia si nos postramos ante su misteriosa, sí, originalidad. Porque si algo fue Diamond Flash es un soplo de aire fresco en nuestro cine. Igual que, por ejemplo, la filmografía de Ion de Sosa, que también dará mucho que hablar.

Este artículo pertenece al grupo Panorámica de cine español.