02. Magical Girl (Carlos Vermut, 2014)

Sobre géneros y ruinas

Uno tiene la tentación de empezar diciendo que Magical Girl es un thriller, cuando realmente es todo lo contrario: evita serlo a toda costa. Evita ser un thriller negándose a sí misma mientras se oculta detrás de un puñado de expectativas frustradas. Y esa indefinición, urdida de forma caligráfica a partir de una puesta en escena tan precisa como elusiva, que muestra tanto como escatima, es el gran hallazgo de esta película (justamente) multipremiada.

La segunda película de Carlos Vermut, tras la hipnótica (y desconcertante) Diamond Flash, nos arrebata sistemáticamente la visibilidad. Todo ocurre fuera de campo (o en las profundidades de una pantalla en negro como límite trágico de ese fuera de campo), o detrás de una puerta que más vale no atravesar, o ya había ocurrido antes de encontrarnos con unos personajes a los que conocemos cuando ya están al borde del abismo y de los que intuimos que más pronto que tarde se precipitarán por él.

Así funciona Magical Girl: unas imágenes que faltan, unas expectativas que se frustran y un género que solo resiste vaciándose de sus elementos esenciales. Y en ese contexto surgen las ruinas de tres vidas que se cruzan en una espiral de violencia, deseo enfermizo y degradación moral y física. El padre en paro de una niña con leucemia, un profesor jubilado recién salido de la prisión y una mujer encerrada en sí misma y marcada (literalmente) con las heridas de un pasado turbio forman una especie de fresco contemporáneo en el que Vermut introduce y mezcla temas tan dispares como la crítica social, el maltrato (físico y emocional) o la obsesión fetichista relacionada con el mundo del manga.

Pero lo que importa no son los temas. Diría que ni siquiera las tramas importan. Lo esencial, me da la impresión, son las formas y las estructuras. El contraste entre la precisión de unos encuadres milimétricos, pensados hasta más allá del último detalle, y la osadía de una narrativa llena de elipsis. Lo que está en juego es la lucha entre las presencias y las ausencias, entre lo poco que queda y lo mucho que se ha ido, entre lo desmesuradamente lleno y la odisea que comporta el proceso de vaciado… Se me ocurre que esa es la evolución que siguen las ruinas: del esplendor a los escombros. Y en Magical Girl eso sirve para las vidas miserables de sus protagonistas, para una determinada idea de la puesta en escena y, sobre todo, para el devenir de los géneros de/en la contemporaneidad.

Publicado en Panorámica del número 50. Este artículo pertenece al grupo Panorámica de cine español.