L’Alternativa 2018: Festival de Cinema Independent de Barcelona (Miércoles 14/11/2018)

Jornada II: Maternidades

Cuerpos: negros, menos negros, más negros, altos, bajos, anchos, estrechos, voluminosos, enjutos, de mujer, de hombre, quietos, en movimiento, bailando, caminando, castigados, gozosos, esclavizados, liberados, humillados, sacralizados, en solitario, en pareja, en grupo, lisiados, robustos, amputados, intactos, fragmentados, enteros, en primer plano, en plano conjunto, en plano general, en la distancia, en primer término, frente a cámara (y seguramente tras la cámara), en fuera de campo. Y rostros: risueños, amargos, sonrientes, tristes, serenos, nerviosos, alegres, enfadados, amigables, dubitativos, sugerentes, desconfiados, recios, transparentes, marcados, jóvenes, adultos, tersos, arrugados, amorosos, rabiosos, honestos, ambiguos, femeninos, masculinos, bonitos, menos bonitos, más bonitos, prominentes, discretos, enfocados, desenfocados, frontales, laterales, en primer plano. Y voces (en off): ausentes, presentes, femeninas, masculinas, verborreicas, escuetas, precisas, divagadoras, secas, aterciopeladas, contundentes, melódicas, rasgadas, profundas, livianas, graves, agudas, monótonas, melódicas, sonoras, fuertes, débiles, cautivadoras, menos cautivadoras, más cautivadoras, simpáticas, menos simpáticas, más simpáticas, claras, oscuras, audibles, inaudibles.

Y paisajes: de Jamaica, diurnos, nocturnos, interiores, exteriores, urbanos, rurales, edificados, agrestes, salvajes, menos salvajes, más salvajes, vírgenes, colonizados, vacíos, transitados, bonitos, menos bonitos, más bonitos, naturales, en plano general, en primer plano, fuera de plano. Y sonrisas, llantos, deseos, frustraciones, sueños, anhelos, Historia, historias, pasado, (el presente no existe, solo se vive), futuro, proposiciones, flirteos, fisicidad, espiritualidad, ateísmo, religión, marihuana, rastaffarismo, Reggae, no Reggae, música, silencio. Y todo (cuerpos, rostros, voces, paisajes y demás) desordenado. Pero a la vez organizado en una estructura en 3 actos. Y cada acto, un trimestre. Y tres trimestres son nueve meses. Y nueve meses un embarazo. Y tras este, la maternidad... Y la mujer. Y la vida.

Si en la primera proyección a competición del día, la arriba reseñada Black Mother  (Khalik Allah), mostraba un multiverso creado a partir de planos rodados en Jamaica, en Super 8 y 16mm, y harmonizados por una polifonía de voces a partir de la idea de la maternidad como origen; la segunda proyección, también de la sección oficial, América (Erick Stoll y Chase Whiteside), empezaba dedicando la película “a todas nuestras madres”. Y es que América es nombre de madre y a la vez de abuela. América es la entrañable anciana que focaliza toda la atención de los tres nietos que viven con ella y que se encargan de sus cuidados. La película les acompaña a lo largo de 3 años, en los que esperan la salida del hijo de América, Luis, encarcelado. Mientras tanto, el tiempo pasa, las vidas cambian, pero el día a día es el mismo: acompañarla al lavabo, bañarla, vestirla, peinarla, llevarla de paseo.

Resulta muy difícil no sucumbir emocionalmente a una película en la que la humanidad y la ternura transpiran en cada plano a través del cuerpo y el rostro de una mujer de 93 años que resiste el embate del tiempo con idéntica tozudez y buen humor. El tono del film, por tanto, se amolda al carácter de su protagonista, que lo desdramatiza por completo. A esto ayuda el planteamiento de sus directores, de reconocer el dispositivo fílmico ya en los primeros segundos de película, que deviene entonces en diario filmado, en el que se da visibilidad a la muy ignorada e infravalorada tarea de los cuidados a familiares. Un tema que, en México, donde sucede esta historia, no parece estar mejor que aquí.

La tercera proyección del día, fuera de competición, arrancó el aplauso más largo que he presenciado en mucho tiempo en una sala de cine. Y no era para menos. Se trataba del pre-estreno en España de El silencio de otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar, que tras ganar el premio del público a mejor documental en la pasada Berlinale, llega a nuestras pantallas esta semana. La película nos muestra el trayecto de seis años que lleva a las víctimas y supervivientes del régimen de Franco a querellarse para iniciar una investigación sobre los crímenes y torturas cometidos en la guerra civil española y bajo la dictadura fascista por, entre muchos otros, José Antonio González Pacheco (“Billy el niño”). A la muerte del dictador, se puso rápidamente en marcha una maquinaria de silencio y olvido que tuvo en la Ley de Amnistía de 1977 su máximo exponente. El film, en un ejercicio de recuperación de la memoria histórica y visibilización del dolor, da voz precisamente a todas estas familias castigadas y silenciadas por la dictadura, pero también por una democracia ausente. Por ello, apenas hay momentos de contextualización histórica, y sí muchos testimonios de hijos, sobrinos, nietos, de las víctimas, o de las mismas.

Se trata de un relato duro, incómodo, pero necesario, honesto y valiente, que se construye en paralelo a la evolución de la querella y su proceso judicial entre España y Argentina, país donde reside la jueza que asume la querella, tras ser apartado de la judicatura española el juez Baltasar Garzón al intentar investigar los crímenes del franquismo. Pero la narración también tiene tiempo de detenerse en el caso de los bebés robados, recién nacidos arrancados de los brazos de sus madres, hijos de familias republicanas en su práctica totalidad, desde el fin de la guerra civil y hasta bien entrada la democracia.

Uno de los aciertos de la película está en la construcción de la temporalidad, cronológica en el seguimiento de la evolución judicial de la querella, pero atemporal en la explicación de los sucesos que dan lugar a la misma. Así, el franquismo no es algo remoto sino todo lo contrario, algo tan horriblemente presente como que ha sobrevivido intacto hasta nuestros días. No obstante, el film es implacable en su mostración del paso del tiempo, al revelarnos como algunas de las personas que aparecen en su inicio, ya no están al final. Tal es el caso de María Martín, la anciana que nos acompaña hasta casi el final del metraje y que abre El silencio de otros con una desoladora confesión: “cuando tenía 6 años, vinieron a llevarse a mi madre”.

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