La liga de la justicia (Zack Snyder, 2017)

Nuevas caras y poco más

La carrera por la taquilla «superheróica» entre las dos grandes —DC y Marvel— es, desde hace un tiempo, imparable. Se siguen sucediendo estrenos a un ritmo casi imposible, que, sumando los de las dos factorías, dejan una agotadora lista de nuevas entregas anuales, que no hace sino crecer y alargarse sobre el futuro. DC entró tarde a la competición. Se he hablado mucho de las prisas y los acelerones que habían de asumir para no perder el tren, lo que se ha traducido en menos películas individuales hasta llegar al punto que nos atañe hoy: la primera entrega que fusiona a sus grandes nombres en una sola cinta. La liga de la justicia podría considerarse, como a Los Vengadores (Whedon, 2012) en su momento, como el fin de la primera etapa introductoria del universo cinematográfico DC.

Efectivamente, La liga de la justicia une a sus grandes superhéroes, de los cuales solo dos han podido contar con una película exclusiva para sus personajes —Superman (El hombre de acero (Snyder, 2013)) y Wonder Woman (Wonder Woman (Jenkins, 2017))— y el resto, excepto Batman, son introducidos por primera vez. Esto puede parecer una anécdota sin más, pero es un reflejo certero de las prioridades comerciales de este tipo de películas: se trata de tener la imagen del grupo, el típico plano de varios superhéroes con sus disfraces resultones y su pose guerrera. Eso es lo que vende, la épica superficial de la imagen recopilatoria de personajes icónicos, el cómo funcionen esos personajes luego como elementos narrativos en un argumento, es absolutamente irrelevante.

En la película de Zack Snyder, esta irrelevancia se acentúa especialmente. Uno puede ver a seis superhéroes, compartiendo pantalla y protagonismo como pueden en un enrevesado reparto de minutos, pero, a poco que se atienda a lo que pasa, se verá que la mayoría de ellos no aportan realmente nada. ¿Para qué introducir personajes de relleno, interpretados algunos por actores de gran caché y que luego, realmente, no aporten nada relevante a la acción? Parece que no hay otro motivo que el de tener un interés meramente publicitario. En este sentido, Snyder no ha inventado nada. La fórmula es la misma que empleó Whedon —que también anda presente en esta película— con sus Vengadores. Todo se centra en ampliar el catálogo de nombres, en ampliar el imaginario, incluso hasta niveles que dificultan la gestión de los tiempos narrativos, para que, al final, todo recaiga en un par de personajes.

La liga de la justicia no va a defraudar a nadie que sepa mínimamente cómo funciona el cine de superhéroes de los últimos años, pero tampoco va a aportar nada que haga que resalte sobre las demás, más allá de que algunos tengan más simpatía por los murciélagos y amazonas que por gigantes verdes y arañas. Si el universo DC parecía tener posibilidades de tomar un camino alternativo al de Marvel, más alejado del cine-espectáculo y de superhéroes con carisma de estrellas del rock, como se podía apuntar en Wonder Woman o, especialmente, en Batman v. Superman (Snyder, 2016); La liga de la justicia las descarta. La «batalla» entre marcas se luchará en idénticos términos. Aquello de dos productos que son iguales y solo la publicidad les hace parecer distintos parece poderse aplicar aquí.

Tenemos algunas caras nuevas para nuestro álbum infinito de rostros con habilidades especiales, un nuevo recital de una Gal Gadot —que ojalá tenga la ocasión de convertirse en una de esas actrices de blockbuster que, cuando salen de él, deslumbran y asombran— y, nuevas escenas  en las que absolutamente todo parece construido con materiales inflamables, marca de la casa Snyder. Un más de lo mismo, otra pieza en esta suerte de introducción infinita a la aventura definitiva.

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