Archivo mensual: Diciembre 2016

El faro de las orcas (Gerardo Olivares, 2016)

(Chico conoce chica) entre orcas

Beto (Joaquín Furriel) es un guardafauna que vive en una cabaña junto a un faro en medio de una reserva natural de la Patagonia argentina, en el fin del mundo. Su única compañía son las orcas que habitan en la reserva, con las que mantiene una relación especial y convive como si fueran su única familia. Su ermitaña rutina se ve interrumpida la mañana en la que aparecen ante su puerta Lola (Maribel Verdú) y su hijo Tristán (Quinchu Rapalini), que padece autismo. Al ver un documental sobre Beto y las orcas, Tristán muestra entusiasmo por vez primera y su madre, desesperada, ha decidido recorrer medio mundo para buscar a Beto y encontrar así el bien para su hijo.

La película está dirigida por Gerardo Olivares [1] que, una vez más, decide desplazarse a un paraje espectacular para desarrollar una historia completamente marcada por la naturaleza y el paisaje exótico.


El faro de las orcas presenta a unos personajes que ya conocemos: un ermitaño gruñón con traumas visibles que repudia toda compañía humana, mientras que muestra una sensibilidad inmensa con los animales y una madre coraje que lucha contra todos los elementos por un hijo que necesita un cambio de vida. Desde el primer contacto entre ambos —que, por supuesto, es rudo y desafortunado— se atisba una trama romántica de las que el cine lleva nutriéndose desde sus orígenes. Ni trama ni personajes, por tanto, parecen suponer a Gerardo Olivares un quebradero de cabeza. No ha perdido mucho tiempo en crear sus piezas, sino que ha cogido las que ya estaban creadas y las ha puesto al servicio de su juego: las ha hecho servir de excusa para rodar la naturaleza.

Aquí probablemente es donde se ha invertido toda la fuerza de la producción, en recorrer playas, acantilados y océano, y traer al primer plano absoluto de la narración a las orcas, sus juegos, su caza, sus movimientos. Toda la trama acaba quedando como pequeños lapsos de espera entre aparición y aparición de unas orcas que a veces son animales reales que harían las delicias de cualquiera de esos deplorables espectáculos de acuario, a veces recreaciones de manera digital mediante un CGI (Computer-Generated Images) salvable, y otras veces fruto de unos animatronics (figuras animadas) realmente brillantes y bien utilizados. Drones, buzos, travellings, practicables…todo esfuerzo parece poco para mostrar el protagonismo paisajístico. Sin embargo, todo el esfuerzo por rodar el medio obtiene como beneficio alguna imagen digna de fondo de pantalla o de una colección de postales, pero nada cercano a una utilización del paisaje como elemento narrativo relevante, presente y determinante, como podía ser el desierto del oeste americano en el cine de John Ford. Tampoco los fuertes elementos naturales de la zona, como el viento, adquieren un protagonismo especial, por lo que la película parece renunciar al potencial de crear un paraje salvaje con el que los personajes tengan que interactuar, y prefiere limitarse a presentar una historia de amor en un lugar pintoresco.

La trama se desarrolla con facilidad, de manera previsible y sin agregar dificultades o compromisos a quien la sigue. Una de esas tramas que se presta a que le sea colocada la ambigua etiqueta de “emotiva”, por su carácter de historia de sentimientos amorosos, de superación de dificultades, de ternura y empatía entre personajes a priori dispares y, además, todo basado en hechos reales, como se especifica al comenzar la película y al acabar, con imágenes del verdadero Beto (Roberto Bubas, escritor de su biografía, que inspira la película), y las orcas. Una película que, aunque no deje mal sabor de boca ni te hace salir del cine con la sensación de haber perdido el tiempo, sí que deja la sensación de haber invertido mucho —más allá de lo económico— para haber conseguido bastante menos de lo que se podría esperar.

Notas:

  1.  Responsable, entre otras, de Hermanos del viento (2015) y Entrelobos (2010). 
Publicado en Estrenos, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en El faro de las orcas (Gerardo Olivares, 2016)

Callback (Carles Torras, 2016)

El enésimo psicópata

Larry (Martin Bacigalupo) es, aparentemente, uno más de tantos tipos extraños y siniestros que habitan los barrios de Nueva York. Trabajador de una empresa de mudanzas de mala muerte, su sueño es convertirse en alguien grande, en un actor famoso, y hacer suyo el mayor producto publicitario de los Estados Unidos: el sueño americano. Aparentemente, porque pronto vamos a comprobar que Larry no es sólo un tipo peculiar y un tanto asocial, sino un demente violento, lo que lo convierte en uno más de tantos psicópatas lunáticos que ha dado el cine, desde Norman Bates hasta Patrick Bateman.

El mayor problema de Callback quizá sea este: quiere ser Taxi Driver (Scorsese, 1977) cuando ya existe Taxi Driver. No quiere decir esto que en la película de Scorsese deberían haberse acabado las historias de personajes violentos absolutamente alienados por su contexto, o que la ciencia ficción debería haber acabado con 2001: una odisea del espacio (Kubrick, 1968), quiere decir que, una vez existe una obra de gran valor cinematográfico convertida en un canon de su género e icono de su época, intentar explorar los mismos terrenos que esta obra es lícito, pero hacerlo siguiendo el mismo camino es una maniobra tramposa y peligrosa, pues aboca inevitablemente a una comparación, quizás infructífera pero obligatoria, de la que parece imposible salir vencedor. Tampoco quiere decir esto que Callback sea una copia plano por plano del film con el que se compara, pero sí que utiliza mecanismos, clichés, giros de guión y elementos narrativos que se repiten de otros sitios, y que te hacen capaz de reconstruir la trama antes de que pase.

Por otro lado, parece que cualquier intención de crítica social hacia un sistema que crea seres alienados y frustrados por no ser capaces, no ya de alcanzar sus sueños, sino de dar pasos hacia delante en una búsqueda de mejoría de su nivel de vida, dejándolos estancados en una situación de precariedad forzosa que va mucho más allá de lo económico, queda potencialmente diluida y desmerecida por la imposibilidad de empatía que, en principio, presenta un personaje trastornado y psicótico, si achacamos un trastorno previo a la motivación de los actos de Larry. Al menos queda la siempre agradable ambigüedad de poder discutir si estos problemas mentales están inducidos por ser miembro de una sociedad trastornadora y opresiva, lectura que salvaría una posible intención crítica.

El actor protagonista, Martin Bacigalupo, está aquí ante uno de esos papeles que todo actor debería agradecer eternamente: protagonista absoluto de la trama y prácticamente figura única que la sostiene, gran peso en escena continuo, personaje con tara psicológica que resalta en cualquier interacción con otros personajes, facilidad de creación de rasgos, posturas o tics llamativos… Un personaje que, a priori, lo tiene todo para hacer brillar con relativa facilidad pero que, sin embargo, no es tan fácil de defender como lo hace parecer Bacigalupo, pues también es un rol que se presta a la exageración, a la hipérbole, al aspaviento, y mantener un registro sereno, sutil y pausado, ayuda a convertir un personaje en una persona, a humanizar a un ser poco humano, a dar una dosis abundante de verosimilitud, aumentando la sensación de tensión, pues no hay villano cinematográfico más terrorífico que aquel que puedes cruzarte fuera de la sala. 

Callback llega con la etiqueta de ganadora de la Biznaga de Oro, premio que designa a una película como la mejor película del Festival de Málaga de Cine Español. Esta es una condición interesante para plantear una reflexión algo al margen de la película en sí pero siempre desde la crítica cinematográfica. Esta es una película cuyo director, Carles Torras, es español y está financiada con dinero de productoras e instituciones españolas. ¿Es esto suficiente para premiar como la mejor de una muestra de cine español a un thriller sobre el fracaso del sueño americano, rodada íntegramente en inglés, en Nueva York y con actores extranjeros? ¿La nacionalidad de la financiación determina la nacionalidad de una película más que lo que la película dice, cómo lo dice y a quién se lo dice? Cada uno responderá, pero parece que premiar a una película cuya aportación al cine español es exclusivamente económica revela a los festivales como instituciones más concentradas en buscar promoción y rentabilidad que calidad artística o valores culturales. Lo cual, por otro lado, tampoco es descubrir la pólvora.

Publicado en Estrenos, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Callback (Carles Torras, 2016)

Desde allá (Lorenzo Vigas, 2015)

desde-alla_poster_goldposter_com_1

Relaciones tóxicas

En los últimos años empieza a vislumbrarse una tendencia de reconocimiento, en galardones y festivales, hacia el cine venezolano, poco tenido en cuenta en este tipo de entornos hasta ahora. Desde allá es un nuevo ejemplo de esta corriente, siendo la primera película iberoamericana en recibir el León de Oro en el Festival de Venecia, además de otros premios y nominaciones.

Prácticamente desde los títulos de crédito vamos a encontrar una buena lista de síntomas que evidencian que esta película es buena candidata a tener cierto éxito y aceptación en el circuito de festivales mundial: un drama con cierto componente social, un tono realista, un modo de representación y puesta en escena naturalistas, y una pizca de lo que podríamos denominar “exotismo controlado”, en este caso un eco de los barrios bajos de Caracas y la vida marginal que busca colocar al espectador en una posición algo problemática pero sin asumir riesgos, una situación similar a la de los burgueses del París de finales de siglo XIX yendo a Le Moulin Rouge a vivir los placeres y experiencias de los bajos fondos sin tener que sumergirse en ellos. Síntomas que, a fuerza de repetición, van conformando unas características estéticas y formales del cine de festivales casi como un género en sí mismo.

Desde allá presenta la extraña relación de Armando, un señor de carácter turbio y familia disfuncional que paga a adolescentes en las calles de Caracas para masturbarse mirándoles, y Elder, un delincuente juvenil al que Armando paga para sus vicios. La relación comienza con la pulsión sexual de uno y la pulsión violenta del otro, que agrede y roba a Armando en su primer encuentro, por lo que estará marcada desde un primer momento por una toxicidad que impregna toda la trama. A partir de ahí, la tensión y las bajas pasiones irán configurando el vínculo entre ambos.

307632

Esta es la ópera prima de su director, Lorenzo Vigas, que aunque se conduce con la inestimable ayuda de personas como su coguionista, Guillermo Arriaga [1], no deja de mostrar un pulso firme a la hora de dotar a su obra de una fuerza visual y narrativa elogiables. En casi toda ópera prima es sencillo encontrar los referentes que su director tenía en mente a la hora de plantear y ejecutar el proyecto. En este caso, la referencia principal y casi mayúscula que impregna toda la película es el cine del chileno Pablo Larraín [2], no sólo por la elección como coprotagonista del inconmensurable Alfredo Castro, actor fetiche del director chileno, sino por una apuesta estética muy marcada, que busca la tensión con los silencios prolongados, que utiliza un montaje que sostiene los planos unos segundos más de lo habitual, que propone un juego entre predominancia de planos cortos de rostros y el uso de planos largos de acción en el que los personajes se sitúan a mucha distancia de la cámara, ausencia de banda sonora, incluso visualmente la utilización de grandes angulares y la deformación característica que estos producen en los elementos en primer término, recuerda a los juegos de óptica y cierta deformación de la imagen que propone Larraín en sus trabajos. Todos estos elementos crean una atmósfera de incomodidad y extrañamiento, una tensión que no sólo acompaña o sirve de suelo a la trama, sino que la potencia y le permite desplegarse más allá de los límites de la pantalla, sin embargo, aunque todos los ingredientes son potentes y funcionales,  ninguno es original o revelador de una autoría única de Vigas, sino más bien la interpretación de un estilo ajeno.

desdealla01

Sin duda, el pilar más destacado sobre el que se sostiene la mayor parte de la fuerza narrativa de la película es el ejemplar y admirable trabajo que ejecutan los actores que interpretan a los dos personajes principales, sobre los que recae la práctica totalidad de una trama con pocos y esporádicos secundarios. No solamente el trabajo del ya mencionado Alfredo Crespo, que no hace sino corroborar que podría ser considerado uno de los grandes actores del momento, sino también el de Luis Silva, actor debutante en esta película y que despliega sus dotes actorales sin ninguna marca de inexperiencia y con un talento a tener en cuenta.

img_8172

Aunque esta sea una obra muy marcada formalmente por su ámbito de distribución objetivo —el circuito de festivales—, sabe desarrollar, dentro de los corsés que esta marcación provoca inevitablemente, un discurso de enorme coherencia, adecuar el cómo al qué y viceversa, y plantear un discurso formal bastante serio. Falta saber si, desprovisto de los arneses de seguridad que toma prestados de sus referentes, Lorenzo Vigas se atreverá a dar un salto aún mayor a la búsqueda de su potencial personalidad cinematográfica.

Notas:

  1. Guionista de Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000). 
  2.   Realizador, entre otras, de Post Mortem (2010), No (2012), El club (2015) o Neruda (2016). 
Publicado en Estrenos, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Desde allá (Lorenzo Vigas, 2015)