Archivo mensual: noviembre 2016

L’Alternativa, Festival de Cinema Independent de Barcelona 2016

El monstruo más grande de la tierra

Dios creó a la bestia Behemoth el quinto día. Era el monstruo más grande de la tierra. Mil montañas le servían el alimento.

No hay que hacer un excesivo esfuerzo para darse cuenta de que, más allá de la referencia directa a la bestia mencionada en el libro de Jacob, la intención principal de Zhao Liang en su último filme (ganador del premio de la crítica en este festival) no es más que compararla con el neoliberalismo, tarea que a priori podría parecer mucho más sencilla de lo que realmente es. Las apabullantes imágenes de Behemoth (2015) nos muestran, con apariencia de objetividad (esa misma objetividad que necesitaría ser cuestionada constantemente), el inconmensurable empeño del ser humano en superar a la naturaleza, en someterla y transformarla a su antojo, en explotar sus recursos naturales hasta que el límite esté demasiado cerca y ya no haya vuelta atrás. La cámara de Liang podría haberse detenido delante de un lugar cualquiera en un país cualquiera, pero lo hace ante las minas de Sichuan, donde miles de personas trabajan cada día extrayendo hierro de las entrañas de la tierra. Donde miles de personas mueren por culpa de la neumoconiosis que les produce trabajar en infrahumanas condiciones. Donde se han reducido las zonas de los lagos en un 20% en los últimos 30 años. Donde todo aquello que se ha perdido, jamás se podrá recuperar.

Pero la intención de Zhao Liang no es la de realizar un panfleto cinematográfico que denuncie sin más las condiciones en que trabajan los mineros en China. Por suerte para nosotros, no estamos frente a una versión oriental de Michael Moore ni nada que se le parezca. Porque Liang opta por una opción tal vez menos llamativa pero mucho más arriesgada: la de realizar un documental (a ratos acercándose incluso al videoensayo, su hermano pequeño y abiertamente subjetivo) que hace de la poesía y el poder de las imágenes oníricas su principal arma. Todo lo que Liang nos enseña es tan rutinario como monstruoso, tan cotidiano como fantasmagórico. Para cualquier persona, las imágenes de Behemoth mostrarían gruas excavando en la tierra, pero para Liang son los juguetes del monstruo llevando a cabo órdenes invisibles. Lo más aterrador del filme, sin embargo, no son las explosiones, ni los estertores de muerte de un planeta agónico, ni los residuos que se extraen en el hospital de los pulmones de los mineros. Lo más aterrador es que aunque la película termine el monstruo seguirá teniendo hambre, porque mil montañas no serán suficientes para saciar su apetito, y porque todo el oro que luce bajo la luz de la luna no le ha dado nunca a la exhausta humanidad un momento de consuelo. Porque, por muchas personas que mueran, no cesaremos en nuestro estúpido empeño de sobreexplotar la tierra, extrayendo de ella combustibles fósiles por los que pelearnos, hasta que no le quede ya nada que ofrecer.

01_behemmoth

Hay una suerte de nexo, tal vez invisible pero ciertamente consistente, que ha recorrido la programación de L’Alternativa 2016 y que responde a una necesidad imperante de sacar a la luz las necesidades y problemáticas reales de una gran parte de la población. Necesidad, no solo de los ciudadanos, sino también de parte de las instituciones. Desde la inauguración del festival con la conferencia del geógrafo y teórico David Harvey sobre el turismo de masas hasta los dos largometrajes ganadores (Havarie –premio Alternativa oficial– y Behemoth –premio de la crítica–) pasando por gran parte de la programación de la sección oficial o la sección Hall Enfoca, los filmes y actividades programados por L’Alternativa han puesto sobre la mesa cuestiones de innegable actualidad y evidente urgencia.

Al acudir a la conferencia de Harvey sobre el turismo de masas tenía la secreta esperanza de que, haciendo uso de su incuestionable sabiduría, Harvey fuese capaz de ofrecernos una receta para combatir ese turismo que a base de excesos se ha convertido en un auténtico problema para los habitantes de esta ciudad. Un problema que, lejos de solucionarse con el tiempo, crece exponencialmente a cada minuto que pasa.

Pero durante su conferencia Harvey habló de muchas cosas, no solo del turismo de masas. Al principio me pregunté por qué lo hacía y qué tenía que ver todo aquello con el supuesto tema de la charla, pero pasados unos minutos me di cuenta de su estrategia; me di cuenta de que existe una relación intrínseca entre todos los temas de los que hablaba y de que no tendría sentido alguno abordarlos por separado. Donald Trump como presidente de los EEUU, la reacción que tuvo China hace unos años ante la inminente explosión de la burbuja inmobiliaria y la llegada de la temida crisis, el cemento, las preferentes bancarias, los fondos de gestión de activos inmobiliarios, el calentamiento global, los deshaucios, el Brexit, la negativa al acuerdo de paz en Colombia, los turistas que llegan a Barcelona y los habitantes de Barcelona que se tienen que marchar de la ciudad por no poder pagar los alquileres más altos de España. Un exilio, no por motivos políticos sino turísticos. O más bien económicos. Bueno, sí, políticos, es cierto, lo olvidaba, todo tiene relación, lo acabo de decir en este mismo párrafo.

Hace tres semanas era Noam Chomsky el que hacía reflexionar a una audiencia de 1.500 personas en el Palacio de Congresos respecto a la crisis de refugiados, las irrefrenables consecuencias del asentamiento del neoliberalismo y el auge de la derecha (en efecto, suelen ir de la mano), y tan solo unos días después, Harvey planteaba en el Hall del CCCB algunas cuestiones de vital importancia sobre nuestro inminente futuro. No dio, por desgracia, ninguna receta milagrosa (ilusos de nosotros aquellos que la esperábamos como si existiera), pero sí que definió con acertadas palabras una situación que transita constantemente entre lo enervante, lo desconcertante y sí, también en cierto modo, lo previsible.

02_trump

Aquellos tiempos de microcemento y otras costumbres

Madrugando pronto para estar a tiempo.

Cemento y arena,

tubos y cables

una madera

y unos cristales.

 

Una parcela llena de mierda.

Una ventana dando a la sierra.

Los arquitectos miden con láser

para estar a tiempo.

A la hora de las migas

en la corte del rey Midas

Los Ganglios, Los Arquitectos

 

Ignoro si se trata de un simple fruto de la casualidad o ha habido premeditación en la coincidencia, pero el protagonismo de China en las dos últimas ediciones de este Festival se ha convertido en un hecho que, lejos de considerar anecdótico, me llama poderosamente la atención y considero digno de analizar.

El ministerio del hierro fue el filme que se alzó el año pasado con el premio de la sección oficial de largometrajes, un documental grabado a lo largo de tres años en la red ferroviaria más grande del mundo. Sin tan siquiera salir de los trenes, su director John Paul Sniadecki realiza una suerte de fresco impresionista de la inabarcable, compleja y a ratos esquiva sociedad china. Durante 83 minutos tenemos la oportunidad de escuchar las conversaciones de los pasajeros. Hablan sobre temas triviales y también sobre temas trascendentes. Se quejan de lo poco democrática que es su república democrática. Comen, duermen, generan basura. En definitiva, hacen lo que haría cualquier humano durante un largo viaje en tren, matar el tiempo. Observan con melancolía el paisaje por la ventana. Un paisaje un tanto monstruoso construído a golpe de ladrillo por una civilización (no la china, sino la humana en general) que no ceja en su empeño de seguir creciendo a toda costa, que no quiere darse cuenta de que los recursos son limitados y la superficie terrestre finita.

03_ministerio_hierro

De las minas de hierro en China saltamos a los viajes en tren por sus inconmensurables territorios, y de ahí a la réplica de Cadaqués que podemos encontrar también en China, a 12.000 kilómetros del original. En La Substància, el director Lluís Galter reflexiona con gran acierto sobre la substancia del hogar (o en todo caso, aquello que consideramos hogar) y nociones tan resbaladizas en la actualidad como son las de “originalidad” o “autenticidad”. Resulta inevitable durante el visionado de La Substància relacionarla con The World (2004), película de Jia Zhangke que retrataba a un grupo de trabajadores del Beijing World Park, parque temático que contiene réplicas a escala de los monumentos más importantes del mundo (La torre de Pissa, la Torre Eiffel, Las Torres Gemelas, la Plaza Roja de Moscú, la Estatua de la Libertad, el David de Miguel Ángel, las pirámides de Egipto…) concentrados en 47 hectáreas de superficie. Zhangke se servía de dichas réplicas para hablarnos de esa necesidad intrínseca de todo ser humano de destilar y poseer la esencia de todas las cosas, sobre todo de las que son consideradas como las más representativas. Aunque sea mediante imitaciones Kistch y cámaras fotográficas de usar y tirar, con eso nos conformamos cuando no podemos aspirar a algo mejor. Con copias, imitaciones, marcas blancas.

Pero la pregunta que me surge tras pensar en todo esto es… ¿qué ocurrirá cuando todo el mundo se haya convertido en un parque temático sobre sí mismo? Estas y muchas otras cosas son las que pasaron por mi cabeza durante toda una semana de festival.

04_world

Publicado en Jump cut | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Animales fantásticos y dónde encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, David Yates, 2016)

es-one-sheet-fnbst

Mismo universo, distinta forma

En estos tiempos en los que secuelas, precuelas, reinicios y remakes se suceden a un ritmo vertiginoso, en los que pocas películas del ámbito de gran presupuesto y público objetivo masivo son concebidas como un producto aislado, sino como una pieza dentro de una serie a explotar, llega Animales fantásticos y dónde encontrarlos, la primera parte de una trilogía que surge como un spin-off y precuela, a la vez, de la saga de Harry Potter.

Cinco años después de la última entrega de la saga original, David Yates vuelve a ser el encargado de llevar a la gran pantalla —grandísima, pues es la primera de la saga en apostar por el rodaje en formato IMAX— el universo mágico escrito por J.K. Rowling. En esta ocasión para situarnos setenta años antes de que se iniciaran los periplos de Harry Potter y narrar las aventuras de Newt Scamander (Eddie Redmayne), un mago que recorre el mundo en busca de criaturas fantásticas para su estudio y protección.

Esta vez la historia se emplaza en Estados Unidos, en el Nueva York de principios de siglo XX. Un Nueva York mágico y muggle (no-mágico) que, a diferencia del fantasioso, colorido y exótico Reino Unido mostrado hasta ahora, se construye a partir de la estética del thriller de gángsters, dando un paso más en la evolución visual que Yates había ido desarrollando en las cuatro últimas entregas del joven mago: una progresiva pérdida del protagonismo de tonos cálidos, colores vivos, iluminación suave y ciertos momentos de planos cuyo único objetivo era el deleite visual de un universo apacible y familiar, creado por Chris Columbus en las dos primeras entregas, para dar paso a un aumento de tonos fríos, sombras más acusadas, cierta sensación de tenebrosidad y una menor riqueza de colores. Sólo se rescata esta estética cálida y luminosa en la única escena que recrea un espacio mágico totalmente al margen de la vida no-mágica, como podía ser aquel Hogwarts o aquel Callejón Diagon: la presentación del despacho-zoológico de Newt Scamander, el interior de su maleta.

cxnzdubxcaaqbnl

El resto, como decimos, recuerda al cine de gángsters, pero no sólo en lo visual, también en lo narrativo: todo el primer acto narra la trama de una detective apartada de sus funciones por mala praxis pasada que, excediendo sus funciones, atrapa a un delincuente (más culpable de salirse de la norma burocrática que de haber delinquido de verdad) y ambos se ven envueltos —y obligados a cooperar— en una trama mayor que involucra corruptelas políticas y conflicto de intereses, pero con varitas mágicas en lugar de promocionar a Smith&Wesson. Se produce así una sensación de extrañamiento: una película que muestra un mago persiguiendo a todo un bestiario imposible —desde una especie de ornitorrinco cleptómano hasta una serpiente alada que cambia de tamaño, pasando por un hipopótamo-ballena en celo—, diluye la sensación de fantasía para potenciar la de thriller.

cxtiehrxeaadcab

Quizás, tras cinco años de vacío en el mundo de Harry Potter, que han servido para la generación de un fenómeno fan y de un contenido externo al de las novelas y las películas, uno podría esperar una enorme dosis del llamado fanservice, o una retahíla de guiños y citas a la saga original, comunes en otras secuelas y spin-off, pero no es así, y, probablemente, es el mayor acierto de la película: el fanservice se limita a un par de nombres mencionados y un par de reminiscencias sonoras puntuales a la potente e icónica banda sonora compuesta por John Williams para las tres primeras entregas. Yates, o Rowling, o ambos, no han querido hacer un greatest hits, ni una vuelta a los elementos que dieron éxito —aunque presumiblemente en próximas entregas habrá más guiños y citas—. Han apostado por ir a un sitio distinto, por cambiar las formas, por empezar otra historia y reducir los ecos de la saga original al mínimo, sin ser ingenuos, sabiendo que aquellos ecos son los que garantizan o facilitan estos posibles éxitos. El producto final puede ser de mejor o peor calidad, pero hay una intención de valentía, aunque sea moderada, que considero digna de aplaudir. Es un buen paso para salir de un bucle de eterna auto-referencia cinematográfica que empieza a marear.

Publicado en Estrenos | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Animales fantásticos y dónde encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them, David Yates, 2016)

Sully (Clint Eastwood, 2016)

sully_59279

El factor humano

Clint Eastwood parece estar abonado en sus últimos trabajos a la construcción de un panteón de héroes nacionales mediante la revisión cinematográfica de biografías señaladas. Si en sus propuestas anteriores nos mostraba un Nelson Mandela peleando por abolir el Apartheid, a uno de los directores de la CIA más controvertido y longevo en su cargo, la formación de un icónico grupo de rock o la historia del francotirador con mejores (o peores) números del ejército estadounidense; en esta ocasión el personaje elegido por Eastwood para protagonizar su último relato biográfico es el piloto Chesley Sullenberger, “Sully”, el artífice de realizar un exitoso amerizaje de emergencia en pleno río Hudson de Nueva York, en enero de 2009, salvando las vidas del pasaje completo.

La película nos recoge en el punto en el que la prensa internacional nos dejó a la mayoría hace siete años: en los días posteriores al accidente, cuando la compañía aérea y la empresa aseguradora emprenden una investigación. Más conmovidos por los cuantiosos daños materiales que por la hazaña, empujan al comandante Sullenberger (Tom Hanks) y a su copiloto Jeff Skiles (Aaron Eckhart) a una suerte de proceso judicial en el que pretenden demostrar, partes técnicos, simulaciones y estimaciones estadísticas mediante, que amerizar en lugar de intentar retornar a alguno de los aeropuertos de la zona fue más una temeridad que una heroicidad. La cinta se configura así como la penitencia de un hombre que cree haber hecho las cosas de la forma correcta, basándose en su experiencia, su habilidad y su «ojo de buen cubero», y que debe demostrarlo ante el aparato financiero-burocrático que solo ve datos.

gallery3-mob

Eastwood no esconde las cartas en ningún momento —si lo pretende, desde luego, no lo consigue—, Sully es el héroe, aunque la evidencia técnica y su propia conciencia lo pongan en duda, y así se lo recuerda cada ciudadano de Nueva York con el que se topa, estamos de su lado y no hemos venido a dudar de él, sino a acompañarle en su redención. El clímax emocional va gestándose durante todo el primer bloque de la película, con elementos tan poco sutiles como una sufrida esposa en la distancia que la línea telefónica pretende acortar, un par de flashbacks que nos remiten a la pericia aeronáutica de un joven Sully y, al mismo tiempo, a su pasado militar —no se puede ser un héroe americano completo si no se ha servido al país—, la presentación de una serie de pasajeros del vuelo sospechosamente escogidos (una anciana en silla de ruedas, una madre con un bebé, dos hijos que acompañan a su padre a un evento importante); y una banda sonora en la que un piano melancólico nos va marcando una sensación de tristeza que, a veces, resulta excesiva. El clímax llega, finalmente, justo a la mitad del metraje. Quizás, el momento de mayor tensión emocional, la pieza que todos sabíamos que iba a ser colocada y que Eastwood —a mi juicio, de forma muy inteligente— espera pacientemente a colocar: el despegue, fallo y posterior aterrizaje de emergencia del avión. El gran momento de acción de la película que, pese a no desentonar en el conjunto del film, no va a pasar ni mucho menos a la historia de las escenas de acción del cine de catástrofes, quizás por el conocimiento previo del feliz desenlace, quizás por unos efectos digitales que no les son de mucha ayuda.

gallery1-mob

Tras ser partícipes del accidente, el relato da un giro, o más bien, se matiza. El comandante Sully es un héroe, sí, pero no solo él. En un derroche de efectismo patriótico, Eastwood hace partícipe de la hazaña a toda la ciudad de Nueva York, y se detiene a mostrarnos con detalle la intervención solidaria de la sociedad civil neoyorquina: bomberos, tripulantes de ferris turísticos, policía, médicos, voluntarios, el resto de la tripulación del avión…Todos se vuelcan en salvar vidas, dejando imágenes que forzosamente remiten a aquellas de los momentos posteriores a unos atentados del 11 de Septiembre que están presentes en la mente de cualquiera que vea un avión descender anormalmente sobre la silueta de Manhattan.

gallery2-mob

Sully acaba dejando una imagen de película correcta, sin grandes virtuosismos y con alguna pretensión incumplida, una cinta que no pone en ningún compromiso a quien la ve y que recurre a cierta épica interruptus basada en hechos reales, de esas que tanto se estrenan en estos meses de premios y Academias. Una película al servicio de un discurso ideológico claro, que viene siendo habitual en el cine de Clint Eastwood: la importancia del factor humano, de los héroes, de sus acciones y del reconocimiento que el pueblo les debe. Un discurso cerrado rotundamente con un texto que reza «the best of New York came together» y un plano del verdadero Sullenberger frente a la bandera estadounidense. Al fin y al cabo, ¿no es América una nación de grandes hombres?

Publicado en Estrenos, Reseñas | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Comentarios desactivados en Sully (Clint Eastwood, 2016)