Leones (Jazmín López, 2012)

El bosque circular

Leones, ópera prima de la realizadora argentina Jazmín López, es un trabajo de precisión sinfónica, de instinto estético, de guión sobre guión y de sonidos. Película de gran factura sensitiva pero que resulta un tanto encorsetada. La narrativa se desarrolla sobre un tour de force visual y sobre todo sonoro, aquí todos mis apoyos y loas, ante un ejercicio cinematográfico con todas las capacidades de la filmación explotadas en el cuadro, es un verdadero viaje sensitivo pero hacia un encuentro un tanto artificial, una historia con demasiado símbolo y búsqueda de perfección modélica. Una narración circular donde varios jóvenes se pierden en un bosque, aquí otro de los aciertos, los espacios atemporales con su capacidad de envolver, encuentro de los actores e inmersión del espectador. Es un film donde el guión dirige mucho la acción hacia un final, una historia de muertos, de muerte simbólica y real; quizás la muerte de un tiempo, el de la adolescencia, y el principio de las dudas de la juventud. La trama se desarrolla a través de esos círculos, como las vueltas que dan dentro del bosque, un paseo que nos confunde –descubrimos que, como Caronte, ese bosque es un tránsito mortuorio– hacia una casa, el lugar donde van a pasar ese tiempo estival. Antes los personajes han ido descubriendo sus identidades, sus posibles conflictos, sus anhelos amorosos… en ese tránsito nos han acompañado un falso Macguffin (un revólver más para este modelo de cine medido) y conversaciones demasiado trabajadas. Su destino, el punto de no retorno, la casa tapiada en donde quieren entrar sin, parece, conseguirlo. Y un coche aboyado con síntomas de haber sufrido un grave accidente… Ahí Jazmín López nos deja la pregunta, ninguna respuesta como es natural, y delicados secretos que por doquier nos ha ido mostrando y escondiendo, para que el espectador consciente desarrolle sus propias preguntas, su propio juego, después de los créditos.

El símbolo, los actores, los elementos de la narración fueron muy medidos, liberémonos, dejemos que la cámara y el sonido hablen pero bajo otra narrativa, una línea –recalco que es mi opinión– mucho más abierta a la improvisación y la frescura de los guiones abiertos, que se encuentran con cada uno de los momentos que existen en el rodaje, en la realidad. Mi enhorabuena por la idea sensitiva de esta bobina, por la reconstrucción que el espectador debe llevar a cabo –es una ópera prima, no lo olvidemos–, aquí hay muy buenas ideas en cada fotograma y una disposición hacia un Cine futuro interesante y sugerente, pero quizás el producto responde más a un diseño muy definido del film y es eso lo que me perturba, la sensación de que todo está medido, no abierto, no hay errores y la vida está llena de ellos, incluso cuando se aplica en la ficción, en esa casa real-simbólica del Cine. Es indudable que estamos hablando de un muy buen trabajo, pero al Cine, al menos yo, le pido improvisación y sorpresa… me gusta sin corsé.

Me quedo con esta línea de guión:

-Te lo juro por Dios que no lo sabía

-Vale, Dios es rarísimo

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