‘Mamá’ (‘Mama’, Andrés Muschietti, 2013)

Amor de madre

“Grande es siempre el amor maternal, pero toca en lo sublime cuando se mezcla con la admiración por el hijo amado”

Ángel Ganivet

En dos minutos y medio, Andy Muschietti nos brindaba, con Mamá (2008), uno de los mejores planos-secuencia del terror contemporáneo. Sacaba músculo en los momentos escalofriantes, desplegando unos efectos especiales un tanto estridentes, pero demostrando un dominio de la composición y la técnica que dinamitó todo rastro de amateurismo de su apellido. No es de extrañar que este director argentino recibiera, al poco tiempo, una palmadita en la espalda de Guillermo del Toro y contase con su generosa ayuda como productor para impulsar una ópera prima coproducida entre España y Canadá.

Mamá (2012) es una ampliación del corto firmada por Muschietti y su hermana, que versa sobra dos niñas desaparecidas en un bosque poco después de una tragedia familiar y que, tras ser encontradas en una cabaña abandonada, empiezan una vida civilizada con sus tíos (Nikolaj Coster-Waldau y la muy activa Jessica Chastain). ¿Problema? Parece que los tíos han traído a alguien más del bosque. Con semejante planteamiento, los Muschietti aportan más. Carne melodramática, por un lado. Fibra poética, por otro. No obstante, su película está dictada por los códigos del mainstream: construcciones de intriga convencional, un subrayado extradiegético, apariciones gratuitas del elemento monstruoso y la ya tópica trama de investigación pre-clímax que nos revelará el oscuro pasado de un alma en pena que busca redención.

Y es que no le faltan situaciones sobrantes a este debut. Algunas, de estímulo barato, parecen obra de Platinum Dunes, esa productora monitorizada por Michael Bay y Brad Fuller, que tiende a abusar de la presencia del mal en pantalla. Como estos remakes, Mamá también desperdicia algunos de sus comodines. Pero no todos. Encierra virtudes que la distancian del resto de productos hollywoodienses. Podríamos hablar de ella como acontecimiento histórico del terror español más reciente, sin que nos temblase el pulso. No por su calidad narrativa, un tanto irregular. Tampoco por el hecho de que se haya convertido en un taquillazo estadounidense. Lo que realmente hace de Mamá una extraña gema es la puesta en escena del director y una lectura novedosa de su personaje fantasmal.

Tras una introducción rítmica y unos títulos de crédito inteligentemente elípticos, Muschietti abruma con ingenio. Sin cambiar de plano, maneja el fuera de campo y la presencia no visible de la otredad. Una otredad que ya estaba presente en el cortometraje que inspiró esta película y cuyo diseño de producción recuerda a ese icono creado por Jaume Balagueró y Paco Plaza en su exquisito experimento zombi, [Rec] (2007), interpretado por un Javier Botet que sacó inmenso provecho al síndrome que padece y que fue bautizado como la Niña Medeiros, más tarde aprovechada en los cómics de Hernán Migoya. El fantasma femenino de Mamá tiene algo de este personaje. También es Botet quien lo interpreta, pero su cuerpo es ahora pura animación, algo que amplía sus posibilidades de movimiento y lo convierte en una caja de resonancias dispares. Su ubicación en espacios silvestres y su agresividad podría retrotraernos a figuraciones sobrenaturales del horror japonés e incluso a la ilustración folclórica de Baba Yaga: una bruja huesuda y demacrada que habita en los bosques y que es, en esencia, una fuerza cinética perseguidora de infantes.

Además de evocador, el personaje de Botet manifiesta entidad dramática a través de una función maternal que desemboca, lejos del susto, en un manierista y trágico desenlace de unión y destrucción, simbolizado mediante una metamorfosis de naturaleza lepidóptera. Con todo, los Muschietti han utilizado un monstruo con alma para revestir una historia de terror al uso en un melodrama sobre el reemplazo de la pérdida y la necesidad de calor materno. Y está claro que Mamá no es perfecta. Pero se hace querer.

This entry was posted in Estrenos and tagged , , , , , , .