‘Mapa’ (León Siminiani, 2012)

Quitar la lluvia, poner al mono, meter el tema de Queen, dirigir una película, cambiar el rumbo de tu vida.

La primera película del realizador cántabro León Siminiani empieza con imágenes de uno de sus anteriores cortometrajes, Límites, 1ª persona. Mediante ellas, Siminiani nos muestra sin pudor esa autorreferencialidad que durante el resto de la película se convertirá en una de sus aliadas. A la hora de ir a ver una película como Mapa es muy importante la concienciación previa, saber que uno no se va a encontrar con un documental “al uso”. Ni siquiera con un “documental experimental al uso” (con todas las contradicciones que esta expresión pueda conllevar). Es importante, aunque pueda sonar a cliché, intentar abrir la mente, ser receptivo, alejar de nuestro pensamiento todas aquellas ideas preconcebidas de lo que hasta ahora nos habían dicho que era EL CINE (así, escrito con mayúsculas) y estar dispuestos, pase lo que pase, a que nos redefinan dicha palabra. Al menos, durante los 85 minutos que dura Mapa. En esta escueta aproximación a la película voy a intentar reflexionar –respetando el tan temido límite de los 4.000 cc– sobre todo aquello que es (o podría ser) Mapa.

Mapa es un viaje: no tan sólo el que realiza su director a la India, sino también un viaje interior, introspectivo, un viaje en busca de esas respuestas que no siempre se consiguen con un simple desplazamiento geográfico.

Mapa es un diario: igual de directo y sincero que los de Alain Cavalier, Jonathan Caouette o Jonas Mekas. Igual pero diferente. Salvando las distancias temporales y geográficas, teniendo todos ellos en común algo tan poco habitual como es el presentar –que no representar– un pedazo de vida cualquiera. Eso sí, de un modo muy especial.

Mapa es un diálogo: una conversación constante entre el propio Siminiani y el Otro, ese Otro que en el fondo también es él mismo. Una discusión plagada de desavenencias y desacuerdos pero también de momentos de ajuste, de simbiosis, de unión y complicidad.

Mapa es una batalla: desigual, quijotesca y perdida de antemano. Durante su viaje a la India el director trata de encontrar un posicionamiento ético y moral (si es que dichas palabras tienen cabida en situaciones como esta) tras la cámara y, como suele suceder con las empresas imposibles, no lo consigue. Durante el proceso graba edificios neoclásicos, pero el Otro le acusa de imperialista, graba la miseria de la India, pero el Otro le llama indigno y manipulador. Todo ello, toda esta lucha, este cuestionamiento, este continuo dudar, ceder, retroceder, avanzar, volver a empezar… no es en el fondo más que un intento desesperado y tremendamente sincero de conseguir una puesta en común con ese Otro con el que disiente constantemente. Con ese Otro que, al fin y al cabo, no es ni más ni menos que él mismo.

Mapa es una búsqueda: aunque no sepamos exactamente de qué. Y tal vez este no saber es lo que convierte algunas búsquedas en apasionantes. La búsqueda quizás de un camino, de una revelación, de una respuesta a una pregunta que está todavía por definir, de…

Mapa es una ruptura: un punto y aparte, un ajuste de cuentas con el pasado. Pero no una ruptura arrebatada, abrupta y dolorosa; sino pausada y reflexiva, plenamente consciente, realizada con el ánimo de construir a posteriori algo mucho más…

Mapa es una reflexión: sobre los límites del cine y sobre los límites de la vida. Esos límites que algunas veces son difusos y otras, ni siquiera son. Una reflexión sobre el poder de la mirada (tanto delante de la cámara como detrás de ella), sobre los mecanismos de narración que el cine ha asumido como propios pero que a veces obvia o incluso olvida, sobre todo aquello que podría ser la esencia del cine pero que a veces, en medio de tanta industria, se nos pierde por el camino.

Pero eso sí: ante todo y sobre todo, Mapa es una historia de amor.

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