30th Torino Film Festival 1

Juventud en marcha

Las solemnes avenidas de Turín albergan muchas historias. En ellas Nietzsche perdió la cabeza y Pavese dio su último paseo antes de quitarse la vida en una habitación de hotel. Cada esquina parece esconder un misterio, y quizás por ello la ciudad ha sido escenario de muchos filmes italianos de temática afín. Conozco pocos lugares que inviten tanto a andar sin rumbo fijo, especialmente por la noche; sin embargo, a finales de noviembre se impone romper parcialmente esta costumbre y refugiarse del frío en las salas de cine que acogen su festival de cine.

De carácter más discreto que los de Venecia y Roma, y sin la pátina arthouse de Locarno, el Torino Film Festival llegó en 2012 a su trigésima edición, la última bajo el mandato de Gianni Amelio, plenamente consolidado en su apuesta por los autores emergentes (recordemos que, en sus orígenes, el nombre del certamen era Festival Internazionale Cinema Giovani). Su sección competitiva se nutre casi exclusivamente de óperas primas, una opción que seguramente lo priva de brillo (y, para qué negarlo, de propuestas enteramente redondas), pero que también define su identidad.

Como es bien sabido, la curiosidad no es muy amiga del eco mediático, por lo que el festival complementa su sección oficial con programas y actos paralelos. Entre estos últimos se incluye la entrega de un premio honorífico a una figura destacada, que este año debía recaer en Ken Loach, quien rechazó el premio en solidaridad con los trabajadores que fueron despedidos del célebre Museo del Cine de la ciudad. Una polémica que, por lo que pude escuchar, estuvo latente durante todo el festival. Esto no deslució la programación, cuya heterodoxia quedaba ejemplificada en las retrospectivas dedicadas a Joseph Losey y Miguel Gomes. Junto a ellas, una serie de secciones de personalidad muy diferenciada, casi micro-festivales englobados bajo el paraguas del Torino Film Festival. Desde la colección de nombres más o menos consagrados y de crowdpleasers presentes en “Festa Mobile” hasta el gusto por la libertad formal (y de formato) que impulsan “TFFDoc” y “Onde”; sin olvidar la afinidad por el cine de género en “Rapporto Confidenziale”.

El eclecticismo siempre conlleva ciertos problemas –empezando por la irregularidad–, pero no hay duda de que es buena manera de optimizar su tardía ubicación en el calendario festivalero, que si bien le impide contar con primicias internacionales (que se reservan para Sundance, Rotterdam o Berlín), también posibilita que recalen en Turín algunas de las obras que más han dado que hablar a lo largo de los últimos meses del año.

Mi paso por el festival de este año fue particularmente fugaz, lo que me impidió ver muchos filmes de interés -entre ellos Shell, de Scott Graham, que ganó el premio a la mejor película-. Por ello, pretender tomar el pulso de lo que sucedió en Turín entre el 23 de noviembre y el 1 de diciembre sería absurdo. Ante la perspectiva de una panorámica general en exceso sesgada, he preferido concentrarme solamente en cuatro piezas que sí conseguí atrapar, y que creo suficientemente representativas de los distintos frentes estilísticos abiertos por la organización.

Nota: por motivos de edición, las cuatro críticas se presentarán en el próximo post.

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