Doclisboa 2012 – Entre política y cine

El cine documental, por su naturaleza y su captación de la realidad, incluye un gesto político en sí mismo, no necesariamente militante, pero atento a las transformaciones humanas y sociales. El Doclisboa, uno de los más importantes festivales de cine documental en Europa, ha respondido siempre a ese gesto desde su fundación. Pero algo ha cambiado: el país donde nació ya no vive con la promesa de un futuro económico próspero, o con la idea de una nueva sociedad occidental unida y tolerante con sus diferentes culturas después de un pasado de guerra y fricción.

Hoy, nuestra realidad ha cambiado hasta el punto de que vemos conflictos diarios entre población y fuerzas policiales –los agentes de defensa del Estado en casos de violencia que amenazan el orden público–. Y es justamente contra ese orden que la gente se manifiesta –un orden que en lugar de un progreso económico justo ha provocado una crisis financiera y económica no vista desde los años trágicos que precedieron la Segunda Guerra Mundial–.

La respuesta del cine

En su décima edición, el Doclisboa contesta a la ineludible realidad que lo rodea con sus propios cambios: abandona una dirección individual y trabaja hoy con una dirección colectiva (Cíntia Gil; Cinta Pelejà y Susana de Sousa Dias, también cineasta y autora de 48 –2010–, documental sobre los presos políticos de los 48 años de dictadura de Salazar); y, sobre todo, abre toda su programación a una reflexión sobre los conflictos de la actualidad –la crisis económica, los disturbios en las calles y las luchas todavía más sangrientas en otras partes del mundo (como en Siria)–. “La unión hace la fuerza”, podría ser el lema de la edición 2012 de Doclisboa –palabras que llevan a una reflexión (y dirección) colectiva para afrontar problemas que nos afectan a todos–.

La señal más evidente de cambio se encuentra en una nueva sección: “Cinema de Urgência”. ¿Qué películas son? Obras, a veces, presentes en Youtube o redes sociales y que muestran miradas, en directo, de las presentes rupturas sociales. Manifestaciones en Madrid o Barcelona (25S Crónica 25 Septiembre 2012 –Juan Ramón Robles González–; Ja arriba el temps de remenar les cireres –Jorge Tur Moltó–), grupos de trabajo social en Lisboa que se ocupan de edificios públicos abandonados (São Lázaro 94 –Jérôme Lecat–; Es.Col.A da Fontinha – Espaço Coletivo Autogestionado –Viva Filmes–), la defensa de una escuela pública de cine en Albania contra la venta de sus terrenos (Not a Carwash S’është Lavazh, Gentian Koçi–), la lucha artística y política contra el régimen de Putin en Rusia (Zavtra –Andrey Gryazev–), o los eternos problemas de existencia del cine portugués, en un año donde su reconocimiento internacional vive un éxito nunca antes visto (Ó Marquês anda Cá Abaixo Outra Vez! –João Viana–).

Además, la inclusión de películas hechas por ciudadanos, y no por cineastas, en una programación de un festival internacional, es una forma de defender la inserción de un debate dentro de la propia forma de hacer una película. O sea: en la calle, con un teléfono y su cámara, filmando para defender una alternativa de vida y una forma diferente de captar imágenes. Así, la película más representativa de este gesto del Doclisboa es How to Film a Revolution (Corey Ogilvie), un corto de 5 minutos que explica a los espectadores (y ciudadanos) la forma más eficaz de filmar la represión policial o las formas de violencia de cualquier agresor.

Experiencias del pasado

Pero la sección “Cinema de Urgência” no podría existir sin una mirada más profunda, buscando los mismos temas a lo largo de la historia del cine e identificando las propuestas estéticas que se han encontrado para filmarlos. “United We Stand, Divided We Fall”, ciclo propuesto por el critico y programador Federico Rossin, nos trae otros periodos de tensión política en nuestra historia reciente: las luchas obreras en Francia en los años 60 y 70 (À Pas Lentes –Collectif Cinélutte, 1979–; Classe de Lutte –Groupe Medvedkine de Besançon, 1969–), el surgimiento de los movimientos feministas europeos (L’Aggettivo Donna –Collettivo Femminista di Cinema di Roma, 1971–; Maso et Miso vont en bateau –Nadja Ringart, Carole Roussopoulos, Delphine Seyrig & Ioana Wieder, 1976), los grupos antiguerra en EEUU (la invasión de Vietnam y sus soldados de regreso en Winter Soldier –Winterfilm Collective, 1972–) y de defensa de los derechos de las comunidades negras y puertorriqueñas (Off the Pig –San Francisco Newsreel, 1968–, sobre los Black Panthers; Young Lords en El pueblo se levanta –The Newsreel Collective, 1971–), o la sociedad de Thatcher y sus rupturas económicas en los años 80 (Territories –Isaac Julien, 1984– y The Year of the Beaver –Poster Film Collective, 1982–), un periodo con paralelos muy fuertes con nuestro presente.

'Classe de Lutte' y 'Territories'

Las películas comunican directamente con nuestros días y nos muestran, sobre todo, dónde están las soluciones sociales y estéticas que nos permiten pensar, de nuevo, como una sociedad unida y no dividida, como espectadores con una consciencia y no en busca de un documental ajeno a los compromisos de la realidad. Es el cine, nos dice esta retrospectiva, el que debe ocupar o encontrar un puesto de discusión sobre cómo creamos y vemos las imágenes de nuestra sociedad, sobre todo en un momento de crisis y refundación.

Pero es otra “pequeña” película la que establece un puente más fuerte con el presente (y con la mencionada How to Film a Revolution): Red Squad (Howard Blatt, Steven Fischler, Joel Sucher, 1972) nos muestra un grupo de hombres que opta por la estrategia del “agresor” – con sus cámaras escondidas en ventanas de una calle pública filman el edificio del FBI, en EEUU, y a policías sin uniforme que son, en realidad, espías infiltrados entre los ciudadanos. El momento de confrontación entre los directores del documental y los policías no es solo un gran momento político – es un gran momento de cine.

Una cámara que lo revela todo

La propuesta política y estética del festival no se queda en estas dos secciones. Eso se revela cuando vemos que sus premios principales –la competición internacional (Three Sisters de Wang Bing) y la competición nacional (Terra de Ninguém de Salomé Lamas)– son también dos propuestas que procuran revelar territorios y memorias escondidas de la historia pasada y contemporánea de un país.

Es la película portuguesa la que ha recibido la mayor cantidad de premios en esta edición, la más política de Doclisboa; entre ellos, mejor largo portugués y mejor ópera prima. Salomé Lamas siempre ha trabajado en el formato del corto, experimentado con propuestas que se sitúan entre varias formas artísticas, pero su primer largo es un objeto documental sólido y fortísimo. En Terra de Ninguém, Salomé filma la vida de un ex mercenario portugués que revela los secretos políticos de algunos estados europeos (asesinatos y conspiraciones, hechos por él mismo, Paulo). La directora portuguesa no cae en la facilidad de crear una obra panfletaria – toma la memoria de este hombre, ahora muerto (y después de vivir sus últimos años en la calle), y deja al espectador viajar en su propio camino por historias mantenidas en secreto. Hacer nuestro camino por Doclisboa 2012 nos parece un poco lo mismo. Seguramente que no saldremos de él con la misma consciencia.

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