‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ (‘The Dark Knight Rises’, Christopher Nolan, 2012) [2]

Batman Neocon, o cómo desactivar (el potencial político de) una saga

Texto de Manuel Garin y Adrià Sunyol

La anterior entrega de la saga Batman, El caballero oscuro, suscitó toda una serie de reacciones (en su mayoría elogiosas) sobre la potencia del Joker, el personaje interpretado por Heath Ledger, como catalizador de las fisuras y fantasmas de nuestra sociedad tardocapitalista. En blogs, revistas on-line y redes sociales se desató una especie de vindicación colectiva del caos –o de las formas y medios del caos– encarnado por el imponente “malo” de la película, precisamente porque éste desafiaba en parte el molde maniqueo y domesticador de conciencias de “el bien y el mal” típico de algunas películas de Hollywood. Este texto quiere defender que, si bien es cierto que aquel retrato del Joker contribuía a una complejidad de lecturas ético-colectivas interesante, la nueva entrega de la saga anula, pervierte y cuestiona, retrospectivamente, el valor –y el potencial político– de aquellas imágenes. En otras palabras, el artefacto serial de los Nolan se desactiva a sí mismo, casi en su totalidad, tras esta tercera película que no logra sino convertir en cliché el aliento épico de la primera entrega (toda la línea Ra's al Ghul) y transformar el magnetismo anárquico de aquel Joker –de lo que encarnaba aquel cuerpo– en un manojo de tópicos buenistas y neo-fascistoides.

Para llevar a cabo tal operación reaccionaria la película potencia algunos elementos ya presentes en las anteriores entregas, pero sobre todo los incluye en un panorama más general con claras referencias temáticas y visuales a la situación política y social de los Estados Unidos y, por extensión, del mundo Occidental. En El caballero oscuro: La leyenda renace, el antagonista principal figura como personaje despersonalizado, encarnación de una forma de mal primario y atávico, pero que se apropia para su fines de los contenidos que había introducido de forma mucho más orgánica el Joker. Así, este Bane, perteneciente a la remota Liga de las Sombras de Ra's al Ghul, aplica su idea del caos a una desprotegida Wall Street (léase el oxímoron), para apropiarse de la fortuna del mecenas y benefactor Bruce Wayne, y con ello también del potencial armamentístico suficiente como para sembrar el caos definitivo sobre la comunidad. Ese caos, en el que Heath Ledger se retorcía voluptuosamente, se vuelve aquí superficial y maniqueo, un mero truco de guión concretado en dos triquiñuelas básicas: la visualización de una –tópica– liberación de delincuentes de la prisión (nada que ver con los reclutamientos dionisíacos del Joker), y, sobre todo, una nueva estrategia de chantaje colectivo –llamémosla "bomba de detonador democratizado"–, cuyo dispositivo, meramente efectista, carece de toda lógica. Las ideas y mecanismos del caos se vuelven truquito de postal, diluidas entre resortes elitistas y fuegos de artificio (especialidades Nolan).

Esa doble-triquiñuela, que llega al paroxismo con el cerco apocalíptico de Manhattan (muy lejos de la festiva ambigüedad de Escape from New York [John Carpenter, 1981]), sólo puede responder a la deliberada necesidad de transmitir un concepto preciso, que Bane apunta de manera bastante explícita en sus discursos. Un concepto tan resultón como peligrosamente alienante: para el ciudadano de a pie el poder es un elemento incontrolable. El caos del que Joker fuera agente, minimizado aquí todo su potencial transgresor, se convierte en un mero agitador de tumultos y sociedades. La estabilidad ya sólo se puede volver a alcanzar gracias a la aparición protectora de las fuerzas del orden establecido y nuevamente deseado.

Lo “útil” del caos –que en la segunda entrega sacudía lo políticamente correcto– se desdibuja sintomáticamente, como si los Nolan quisieran dejar claro que el poder debe permanecer en determinadas manos, y sólo en ellas. La película, además, banaliza la “imagen” de los nuevos movimientos de protesta colectiva –como Occupy Wall Street– diluyéndola en una falsa coartada heroica. Esta tercera película escamotea las consecuencias del trabajo del Joker en la segunda, que redimensionaba la naturaleza de Batman convirtiéndolo en un Batman oscuro que aquí ya no vemos por ningún lado. No queda rastro de la ambigüedad liminar que Grant Morrison y Dave McKean exploraron en Arkham Asylum. Los efectos que la oscuridad y el ostracismo voluntario (y profundamente heroico) puedan haber causado en Batman se esconden tras una elipsis de ocho años y una cojera "de guaperas" made in Christian Bale; aquel discurso final de la segunda película, aquella persecución indiscriminada de las fuerzas del orden contra Batman, queda en agua de borrajas, en un gag –mal rodado– en el que Bane escapa porque los polis persiguen a Batman en su lugar.

Y sin embargo, como intentando minar la legitimidad del binomio hiper-paternalista Wayne/Batman, la película se ha servido en los primeros minutos del aire fresco de un nuevo personaje: la Catwoman de Anne Hathaway. “There is a storm coming, and you and your friends are all gonna wonder how you could live so large, and leave so little for the rest of us”, le susurra al oído a Bruce Wayne, ahondando en el guiño evidente a la actualidad y sembrando la semilla de un planteamiento que podría resultar tremendamente corrosivo para toda la saga y para la propia figura del héroe. Las palabras de Hathaway ubican al héroe, por primera vez abiertamente, en una pirámide social en la que representa a un acaudalado depredador, alguien cuyo aspecto y costumbres remiten a los de esos cuyo dinero fluctúa por Hedge Funds y paraísos fiscales, en una realidad ya no muy lejana [1]. E insistimos: son las palabras de un personaje de la película las que ubican al protagonista en ese grupo, ese “you and your friends” de resonancias inequívocas. Los impulsos filantrópicos de Wayne (dar dinero a huerfanitos) y la sublimación heroica de sus traumas de infancia (vestirse de Batman) no compensan el aire ostentoso del establishment que los sustenta. Pero es justo ahí donde la película se vuelve conservadora y ramplona. En lugar de explorar esa duda radical con que la frase de Hathaway podría infligir a Wayne/Batman una verdadera herida trágica (interior, irreparable, con consecuencias), los Nolan entregan la trama a una espiral de twists. Esos giros de guión efectistas fagocitan también a Catwoman, antes anárquica y robinhoodesca, poseída por un auténtico resentimiento de clase, y finalmente domesticada en el sentido más esterilizante a través de, cómo no, su amor incondicional por Batman. Los dos últimos tercios del film desalojan así el problema del héroe, que no es otro que él mismo –su ciudad, su dinero y su máscara–, embarcando a Batman en una terapia de auto-ayuda en un pozo a miles de kilómetros (su encierro en ese gran tópico hecho cárcel) y entregando Gotham a una falsa anarquía que sólo contribuye a reforzar los mecanismos del poder establecido.

Las pocas ideas que El caballero oscuro: La leyenda renace propone son pues incapaces de actuar con originalidad y profundidad en el espacio (relativamente) hermético del mapa de códigos de un género o de una estructura narrativa tradicional. Operan en el panorama social y político inmediatamente presente en todos los televisores del país y del mundo entero: lejos de aislar su material en el coto fantasioso del héroe enmascarado, la película se inscribe en la actualidad con todo su arsenal demagógico, incluyendo las referencias directas a lo que sucede en las calles en su tráiler y su aparato publicitario. Ofrece pues –y no podía ser de otra manera tratándose de un tratamiento cinematográfico tan pobre y falto de matices– respuestas retrógradas a las preguntas que las convulsiones económicas y sus consecuencias sociales formulan a toda sociedad desarrollada. En resumen: su estrechez de miras cinematográfica anula la ambigüedad que asomaba a través del Joker en El caballero oscuro, y desnuda un posicionamiento político ultra-conservador.

Notas:

  1. Legendary Pictures, una de las principales promotoras de blockbusters de la última década, y valedora de los grandes taquillazos de Nolan, inaugura un sospechoso punto de contacto entre la producción cinematográfica y los grandes fondos de inversión de Wall Street... que merecería una investigación detallada: follow the money
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12 respuestas a ‘El caballero oscuro: La leyenda renace’ (‘The Dark Knight Rises’, Christopher Nolan, 2012) [2]

  1. Pol dijo:

    Ole, ole, y ole.

  2. toni dijo:

    Esos giros de guión efectistas fagocitan también a Catwoman.
    nohasefalta que dises nadamas.

  3. LETRA dijo:

    Está muy bien y, por provocar un poco de debate, la anterior entrega parece que fue la celebración de un concepto para definirla, que era el de ambigüedad. “Calculada” se llego a decir, repitiendo el tópico. Decir que el Joker era “ambiguo” era un modo de declarar veladamente que se simpatizaba de algún modo con ese villano. Un villano que robaba para quemar (abolir) el dinero, que mataba por igual a policías y ladrones. Entonces caben dos reflexiones. La primera ¿ésta es la película que Heath Ledger no le dejó hacer a Nolan en la anterior entrega? ¿Que el actor desbordó, contra todo pronóstico, la película de 2008 y ahora Nolan se ha desquitado? Y una segunda cuestión: Parece que por contentarse con un mensaje ambiguo en 2008 llego el decálogo ultraliberal en 2012. Entonces ¿en vez de estar en la catacumba celebrando íntimamente lo interesante de esa ambiguedad no habría que haber pasado al ataque y acusado a Nolan, aunque nos parezca obvio, de que hace pivotar narrativamente la denuncia social asociándola a un villano del tipo psicópata, lo cual es aberrante? Es muy posible que si el relato que se construyó sobre esa película hubiera incidido en esos puntos no se habrían atrevido a hacer la de 2012.

    Salud.

  4. Aberdeen Angus dijo:

    Creo que tienes un serio problema al tomarte el tiempo de analizar Batman con toda esta pirotecnia de palabras como neofascista, ultraconservador, etc. Por otro lado si en algún momento hace referencia esta película a ocuppy wall street y de manera banal, no se equivocaría en ese juicio, ya que este movimiento es tan banal como el 15-M. Por supuesto que en una ola de caos como el de la película, solamente puede poner orden el estado, el cuidadano de a pie no tiene ni la capacidad, ni los medios como para hacerlo, ya que “el hombre es un lobo para el hombre”, porque por otro lado ¿de qué otra manera se puede reinstaurar el orden? con asambleas en una plaza de Gotham City?
    Deberías volver a mirar la película sin pensar en mensajes ultraliberales ni conspiraciones del tipo Zeitgeist, ver la por ser peli.

    • LETRA dijo:

      “el hombre es un lobo para el hombre”

      Eso suelen decir los que no son hombres, son lobos.

    • LETRA dijo:

      Voy a contestar el fondo de tu mensaje porque está en esa línea conservadora que niega que exista una cosa para prohibir que la gente la vea. Lo que tú llamas “el orden” es un desorden estático, donde los poderosos extraen su bienestar del sometimiento de la mayoría de los ciudadanos. El orden no es eso que dice la derecha, menuda mierda de orden, el orden es que una sociedad esté equilibrada, que se cumplan los derechos con todos, que a nadie se le hurte ni su derecho a informarse ni a tomar decisiones sobre las cosas que le afectan. Para lograr el orden, la mejor manera que se nos ocurre son las asambleas, una estructura horizontal donde todo el mundo tiene los mismos derechos y puede hablar de los problemas comunes. De ahí surge el orden, reinstaurarlo es imposible porque los que mantienen las cosas desordenadas (lo blanco es negro, el día es la noche, en fin, esta película) nunca ha permitido que exista. Cuando haya orden, cuando se deje de condicionar a la gente para que piensen como animales… ya verás como la gente te deja de parecer una amenaza y en vez de lobos descubres que son seres humanos.

      Salud.

  5. Manuel Garin y Adrià Sunyol dijo:

    Gracias por los comentarios. Nos ha gustado mucho tu idea, Letra, esa imagen de Ledger revolviéndose en la tumba nos ha hecho reír a gusto. De hecho, estuvimos a punto de cargar las tintas contra ciertos aspectos de la segunda película de la trilogía, o más bien sobre algunos matices del hype que la envolvió, pero no cabía en los escasos caracteres del post. En estos últimos días hemos podido leer, además, reacciones similares de la mano de Zizek y Bordwell, mucho más elaboradas que nuestra breve reflexión, desde luego… por cierto, es fantástico linkarlos juntos, ya que se odian íntimamente, como quedó demostrado hace unos años.
    Aberdeen, estos dos links demuestran que nuestra interpretación no es tan gratuita como tu comentario da a entender, vaya, están ahí para leerse. De Griffith a la Riefenstahl –pasando por ese absoluto maestro: Leo McCarey-, el cine es siempre política, vida, algo más que sí mismo: no se pueden ver películas “por ser pelis”, en eso nunca estaremos de acuerdo. Se puede disentir ideológicamente, y el debate es siempre fructífero. Pero creemos que tu tendencia a contemplar algunos de los sucesos de la película como situaciones posibles en una realidad más o menos cercana, y a valorar los resultados que el 15-M o OWS podrían ofrecer ante tales situaciones, demuestra, primero, que la película posibilita nuestra interpretación, y segundo, que el tono apocalíptico y amenazante del film calará o ha calado ya en parte de sus espectadores.

    • LETRA dijo:

      Está muy bien contestado. Todo es política y sabemos quién niega la política, Primo de Rivera, que decía que no era “de izquierdas ni de derechas”, Franco que aconsejaba “hacer como él y no meterse en política”. Ese tipo de razonamientos provienen del humus de la ultraderecha. Y creo que cuanto más se da cuenta uno de las implicaciones políticas de cualquier manifestación cultural más radicalmente de izquierdas se vuelve, más consciente del lavado de cerebro al que someten al personal con la excusa de *entretenerlos*.

      Salud.

  6. Pol dijo:

    Hola,

    He encontrado realmente muy interesantes tanto el texto de Manel y Adrià, como el comentario de LETRA. Ahora bien, intentando romper una lanza a favor de la segunda película (que no a favor de la saga en su conjunto, pues sí comparto la idea planteada en el texto de que, mirada globalmente, la saga naufraga con esta última película), la mayor diferencia entre la segunda entrega y la tercera no la encuentro yo en la supresión de la “ambigüedad” del “malo” (desde siempre, y pasando por Hitchcock, simpatizar con el malo ha sido una de las cosas más interesantes del cine), sino más bien en la supresión de la “ambigüedad” del “bueno”, o sea, de Batman (será, quizás, cosa mía, pero, aun siendo un reaccionario, el Batman de la segunda entrega es mucho más simpatizable -y empatizable- que el de la tercera). Evidentemente, ambas ambigüedades son en el fondo la misma, pues -y este es uno de los puntos de mayor interés de la segunda entrega- son las reglas de juego que impone el Joker las que provocan que Batman se mueva por terrenos cada vez más moral y políticamente ambiguos. Pero, en cualquier caso, yo opino, primero (y menos importante), que esa ambigüedad sí está calculada en la segunda peli (y con esto quiero decir que la película es consciente de su propio discurso) y, segundo (y mucho más importante), que, calculada o no, esa ambigüedad no deviene en algo negativo, sino más bien todo lo contrario, pues consigue (al menos, conmigo lo consigue) que uno llegue a empatizar tanto con las posturas del “malo” como con las del “bueno”, siendo consciente en todo momento de que está empatizando con dos tipos que, a medida que avanza la peli, van por ahí haciendo y diciendo cosas cada vez más discutibles, extremas y peligrosas (el discurso que enarbola Batman en la segunda peli es tan o más reaccionario que el enarbolado por el Joker, pero, en cualquier caso, yo los sigo, voy avanzando con ellos a lo largo de toda la peli y sigo pensando en ellos a posteriori). Eso genera un campo de juego en el que tiene uno margen para moverse e intentar entender esas posturas y, como consecuencia, intentar comprenderse a uno mismo ante esas posturas (¿cómo puede ser que empatice yo con esta gente y que llegue a encontrar atractivas sus propuestas?). Es ahí donde radica el interés y donde triunfa, para mí, la segunda entrega de la serie, y también es justamente ahí donde naufraga estrepitosamente la tercera. Porque en esta última película la ambigüedad, calculada o no, ha sido (muy burdamente, por cierto) sustituida por una, calculada o no, simplicidad. Ahora los discursos se han convertido en mucho más unidireccionales y el campo de juego que se abría en la segunda película se ha convertido aquí en una vía de tren de sentido único. No se permiten maniobras, ni variaciones del punto de vista, pues, al parecer, ahora es evidente qué propuestas son beneficiosas para mí y cuáles juegan en mi contra. Y, para mí, eso perjudica claramente a esta la tercera película, tanto por el sesgo ideológico seguido a la hora de definir qué propuestas son las buenas y cuáles son las malas (ahora ya sin comillas), como, sobre todo, por el mero hecho de definirlas de forma cerrada y sin matices. Y ojo, no se confunda esto último con que el hecho de mojarse sea en sí mismo algo negativo o perjudicial, pues hay muchas formas de mojarse: yo me estoy refiriendo aquí a la que, de pasada, intenta manipular burdamente (bien pretendiéndolo de veras, bien por falta de habilidad: no sé qué es peor, pero, a estos efectos, tanto me da) la opinión del personal.

    También me gustaría decir, en relación con lo que comenta Aberdeen, que, aun estando de acuerdo con Manel y Adrià en que las pelis son siempre más que meras pelis (es que, además, esta tercera entrega de Batman es muy poco sutil en ese sentido: es del todo obvio y evidente que enarbola un cierto discurso político), uno siempre tiene la opción (tan lícita y válida como cualquier otra) de mirar una película desde un postura más evasiva o lúdica. Pero es que ni tan siquiera desde ese punto de vista me funciona a mí esta tercera entrega de la serie: un metraje innecesariamente excesivo y hasta cansino, una narración que en el último acto se revela como puramente esperpéntica, algunas situaciones que rozan el ridículo más absoluto (la muerte del personaje de Marion Cotillard -bueno, de hecho, prácticamente todo lo relacionado con ese personaje- es sencillamente lamentable), escenas de acción (uno de los supuestos puntos fuertes de este tipo de pelis) que no pasan de ser meramente ruidosas y poco más (justo ahora estaba pensando en The yellow sea: ¡madre mía, qué diferencia!)… En fin, que ni por esas.

    Un saludo.

    • Manuel Garin y Adrià Sunyol dijo:

      Amen to that, Pol.

      Tu segundo párrafo describe al milímetro nuestra percepción –puramente cinematográfica- de la película: discutimos bastante sobre si añadir algunos párrafos que explicasen mejor porqué no funcionaba para nosotros “en tanto que película”, porqué la encontramos fallida y porqué nos decepcionó tanto (Marion Cotillard, ¡dios mío!) más allá de la lectura política… pero al final decidimos no incluirlos. ¿Por qué? Por una cuestión de formato del post –el blog pide cosas más cortas- y, ante todo, porque otro compañero había escrito ya una crítica “cinematográfica” comentando el estreno, y nuestra última intención era enmendarle la plana (de hecho nos parece fantástico que su percepción fuese tan diferente de la nuestra, así se enriquece el debate). Por eso decidimos dejar –parcialmente- de lado la valoración estrictamente fílmica, y preferimos incidir en el alarmante arsenal político con el que flirtea la película (descaradamente, nos parece innegable), todavía más teniendo en cuenta los millones de espectadores que la han visto y han pensado –de un modo u otro- en eso que han visto. Ahora, leyendo tu acertadísimo comentario, vemos reflejado aquello que teníamos en mente pero no escribimos en su día (del metraje excesivo a la pobreza de la acción-movimiento), así que gracias por compartir tu opinión.

      El algodón no engaña: http://peopledyinglikemarioncotillard.tumblr.com/page/11

      Tu explicación del primer párrafo es impecable, y estamos de acuerdo con casi todo lo que comentas. Pero, compartiendo hasta cierto punto que la segunda peli es consciente del grado de ambigüedad que maneja, y gustándonos como nos gusta… al volver a verla –justo antes del estreno de la tercera- nos pareció que la estructura se trunca tras la visita del Joker al hospital, tras fabricar a Dos Caras: lo que va de ahí al final (todo el asunto de los barcos, la secuencia de acción con los perros) desvirtúa, en nuestra opinión, aquello que los Nolan construyen hasta ese punto, tan magnético y contundente. Vamos, que la cosa decae en esa media hora de traca (truco) final, y uno no puede sino entristecerse, o sospechar. En cualquier caso, tu explicación sobre en qué medida podemos identificarnos y, lo que es más importante, problematizarnos a través del reflejo Batman/Joker, es impecable.

      Una última duda (Manuel writing), ¿nos conocemos? Por dos veces dices “Manel y Adrià” aunque el artículo esté firmado por un tal ManUel, jajaja. ¿O es sólo cosa de lo catalanets que som? ¡Un saludo!

    • LETRA dijo:

      Hola Pol,

      Yo parte de la base de que si se hacen discursos buenistas respecto a un vehículo que cuesta doscientos cincuenta millones de dolares y cuyo proceso de escritura de guión ha pasado por manos muy bien pagadas para que no se escape ningún detalle, abusan de nuestra buena fe y nos sacan ventaja. Lo digo porque para sentir simpatía por el villano hay que procesar el mensaje. Lo hacemos unos cuantos , pero la mayoría no. Para la mayoría, el mensaje queda asociado a un estereotipo, un aspecto, un rol. Eso lo controla el cine y en concreto la propaganda perfectamente, ese señor es un villano y para el espectador los actos que se le asocian son el mal. No hay demasiada diferencia entre cómo ve el cine un niño y un supuesto adulto en nuestra sociedad, un eterno adolescente. Los dos absorben como esponjas todos los nutrientes tóxicos con que les riegan, el primero porque es una tierra en la que nunca se ha plantado nada y el segundo porque precisamente se ha hecho un monocultivo de ese tipo de mensajes.

      Si se puede dejar a un lado la lectura ideológica de un producto cultural y simplemente disfrutarlo es porque lo fácil es dejarnos someter por todas las bajas pasiones en las que nos han educado como consumidores. Podemos gozar como animales una película fascista, podemos reírnos con un chiste de gitanos, o de negros, o de homosexuales, porque nos han educado para ello sin que nos demos cuenta, pero no nos puede gustar como seres humanos. Creo que tenemos la obligación de intelectualizarlo todo, porque eso es lo que nos diferencia de los animales, de los vegetales y de los espectadores de segunda ;)

  7. Pol dijo:

    Hola Manuel y Adrià,

    Solo diré que, desde el punto de vista del lector del post, pienso que no ha de suponer ningún problema (más bien al contrario) que hayáis decidido no dar más importancia ni entrar a valorar más a fondo otros aspectos de la peli. Aparte, como decís, de las cuestiones relativas al formato del blog y de que ya hay otro post que sí cubre dichos aspectos, yo opino que habéis planteado un tipo de texto que no solo no lo requería, sino que en realidad se ve beneficiado por ello. De hecho, ya desde el principio del post dejáis bien a las claras que lo que pretendéis es proponer y defender la tesis de cómo esta tercera peli desactiva (políticamente) la saga en su conjunto. Y tan ricamente, oiga.

    Qué grande, por cierto, el enlace del peopledyinglikemarioncotillard. Aparte de las buenas risas que me he echado, queda demostrado que, obviamente, no estamos solos.

    Sobre la segunda peli, ya tenéis razón cuando decís que, al contrario de lo que se supone debería pasar, lo que realmente acaba provocando toda aquella sucesión de clímax narrativos es que la peli pierda fuelle hacia el final (sí estamos muy de acuerdo en que, hasta la escena del hospital, la cosa es de órgado) y que eso le puede hacer dudar a uno. Pero, incluso estando en esas, para mí, los últimos planos con Batman huyendo ya del todo fuera de la ley (“He’s a silent guardian, a watchful protector, a dark knight”) sí encajan a la perfección con todo lo desarrollado previamente y suponen un final fantástico para la película.

    Y acerca de tu duda, Manuel, no, yo diría que no tenemos el placer de conocernos. Lo de “Manel” es un gazapo mío en toda regla por el cual lo único que puedo hacer es disculparme (créeme: se me podría haber colado otras veinte veces y otras veinte veces no me habría dado ni cuenta). Coses de catalanets, com molt bé dius :-D

    ¡¡Un saludo a los dos!!

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