‘Somewhere’ (Sofia Coppola, 2010)

Máscaras del tedio

Dos movimientos describen la historia de la última película de Sofia Coppola: el circular y lineal. El primero, que domina la práctica totalidad del filme, plasmado en la escena inicial en la que el coche de Johnny Marco (Stephen Dorff), protagonista del filme, da vueltas en una suerte de circuito desértico, trata de delimitar esa sensación de avanzar para llegar siempre al mismo sitio: esa habitación de hotel donde el protagonista dormita en su quehacer diario. El segundo, filmado en la secuencia final del filme, se convierte en el punto de fuga: ese camino infinito, en el que poco importa adónde nos lleve mientras nos permita transitarlo. Como en el poema de Kavafis, lo importante no será el punto de llegada, sino el viaje.

Así pues, el plano que abre el filme y aquél que lo cierra sintetizan el devenir del personaje protagonista, un actor celebérrimo que se pasea por el mundo como si fuera un fantasma que habita en los tiempos muertos de la gloria y la ampulosidad: encarnación del spleen baudelairiano, Marco deambulará por los pasillos de su hotel buscando en las miradas un espacio donde vivir. La cámara de Coppola, alejada de su protagonista, observará cómo Marco sobrevive ante la inanidad de relaciones, a través del paso indistinguible de los días: “No soy nada. Ni siquiera soy una persona”, sollozará a los pies de su cama. Marco será un ser ausente de sí mismo y la puesta en escena de Coppola, contenida pero bellísimamente expresiva, reflejará ese canto fúnebre de una cotidianeidad a la sombra de la fama. No queda nada hasta que aparece Cleo (Elle Fanning), la hija del desahuciado protagonista, para mostrarle una vía de salida.

No cabe duda de que los personajes en deriva alimentan la filmografía de Coppola: sus vírgenes suicidas, Marie Antoinette, Bob Harris... Este filme en concreto parece erigirse en la imagen especular de su gran obra Lost in Translation (Sofia Coppola, 2003): dos actores, uno en ciernes, el otro en su apogeo, ante la vacuidad de una vida vivida tras las máscaras de la ficción y que toman conciencia de los caminos inexplorados gracias a la irrupción de una joven. Coppola revisita los paisajes áridos de la incomunicación pero con una ligera variación: mientras en la primera sólo podíamos observar la muda despedida entre Bob Harris y Charlotte, aquí será Cleo quien no pueda oír, ensordecida por las hélices de un helicóptero, el lamento de su padre por no haber podido estar con ella. Este leve cambio permite la disrupción entre ambas narraciones: lo que allí era asunción ante lo inevitable del final, se trastoca aquí en la leve esperanza de un nuevo comienzo.

Permítanme un apunte final: hay un plano de esta bella película, uno de los mejores filmados por Sofia Coppola, que condensa en un largo “zoom in” la esencia del filme: Johnny Marco, sentado en una sala de maquillaje, momificado por una máscara de yeso con la que le acaban de cubrir el rostro, esperando, en un largo letargo, a que todo termine. Pero sucede que esta máscara que recubre su rostro nos descubrirá, ante el espejo, sus auténticas facciones: las de un anciano carcomido por el tedioso transcurso del tiempo. La máscara desvela el auténtico rostro del protagonista: como los versos del poema La máscara de W. B. Yeats nos recuerdan, “La máscara fue lo que ocupó tu mente / Y luego hizo latir tu corazón, / No lo que está detrás.” El artificio abre la brecha entre la representación y la realidad a través de un juego de espejos.

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Una Respuesta a ‘Somewhere’ (Sofia Coppola, 2010)

  1. Èric dijo:

    ¡Gran plano si, en el que Jonhy Marco está atrapado en una mascara de yeso (y es que todos los planos desprenden cierta simbología), y gran reseña de Alberto Martín!

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