‘Mercado de futuros’ (Mercedes Álvarez, 2011)

Mercado de futuros = Burbuja de valores

Es posible que en Europa nadie se haya dado cuenta, en los últimos 50 años, de lo rápido que estábamos yendo, de la tremenda velocidad que nuestro estilo de vida estaba adquiriendo, proyectado casi histéricamente hacia un “fin de la historia” que ya de por sí debiera haber resultado sospechoso. Ahora que todo se viene abajo, es natural y necesario que alguien como Mercedes Álvarez se demore un rato en recuperar lo perdido, en alertar siquiera de los fundamentos más profundos de esa irrealidad a la que nos había conducido un sistema, que se proyectaba hacia un futuro inexistente, pero imaginado con todo el poder de la ambición encumbrada y sin capacidad para fijarse en las cosas que se saborean por su lentitud.

Mercado de futuros merece un análisis detallado, específico, casi formal. Como todo el cine intencionado (o sea, lleno de intenciones), da para mucho. Es una película, por ejemplo, suavemente asentada en reflexiones abstractas pero que acaba enamorada de un personaje. Pero hay una sencilla operación que la película ejecuta con una calidad muy rara y que puede resumir buena parte de su contenido, siempre que eso sea posible tratándose de una obra clarísimamente recostada en lo poético y en la multiplicidad de interpretaciones y sensaciones.

Esa operación es la de conseguir por fin que una de esas frases manidas y aparentemente superficiales que pueblan nuestra cultura suene robusta y llena de sentido: esa que dice que los dioses, cuando quieren recompensar a los mortales, llenan su cabeza de sueños, y cuando quieren castigarles, hacen que se cumplan. La película de Álvarez siembra de tal manera sus ideas que, cuando en el corazón del metraje la voz en off pronuncia esas palabras, resuenan en nosotros como el eco de un hastío vital, de una falta de luz que percibimos ahora en nuestra sociedad cansada y llena de frustración. Para Álvarez, la fuerza que ha alimentado ese viaje nuestro hacia una economía irreal e insostenible era un apego por lo que todavía no existe, un sueño que acabó por exterminar el placer de las cosas que ya son nuestras y que nuestra vida ha ido cargando de significados personales que simbolizan nuestro tiempo en este mundo, con una aceptación mayor de sus sinsabores, dramas y oscuridades. Mercado de futuros contrapone con ritmo sereno espacios que proyectan, por su construcción y anatomía o por los hombres y mujeres que los pueblan, esas dos maneras de vivir: la que ambiciona y desea como único fin hasta el punto de necesitar de ambiciones y deseos sintéticos, falaces, y la que no quiere rebasar sus propios límites y más bien protege su entorno próximo y se relaciona cariñosamente con él. Articulada casi como un discurso lingüístico, y aceptados esos márgenes poéticos y difusos que ya he comentado, es posible que algunas de las connotaciones o ideas que la película propone no alcancen el vigor suficiente como para ser asimiladas del todo. Pero en cualquier caso trabaja en un sentido tan necesario que es imposible no aplaudirla y fomentarla.

Echada a la calle, la gente en España ha estructurado un deficiente movimiento social que ha adquirido mucho protagonismo en las vidas y deseos de aquellos que no están conformes con el cariz que nuestras sociedades van tomando. Ha sido frecuente reclamar una mayor capacidad para definir las acciones y las propuestas concretas que había que implementar para, así se formulaba el asunto, “cambiar las cosas”. Esa exigencia, interna y externa al movimiento, ha impuesto una ansiedad que conviene substituir por el reposado pensamiento de películas como esta que, sin tufo reaccionario alguno, intenta por lo menos esbozar un mapa de valores rotos que tal vez haya que empezar a reparar, poco a poco, dentro de cada uno de nosotros.

Ante el aparatoso debate sobre si la crisis es política o económica, dicotomía absurda, Mercado de futuros propone humildemente una tercera explicación: que esta sea una crisis fundamentalmente filosófica.

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Una Respuesta a ‘Mercado de futuros’ (Mercedes Álvarez, 2011)

  1. manuel lopez dijo:

    muy buena pelicula, muy actual. La deberia ver mucha gente para darnos cuenta quienes eramos y cual era nuestro comporatmiento muy poco tiempo atras

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