L’Alternativa, 18è Festival de cinema independent de Barcelona (14/11/2011)

La grandeza de las cosas pequeñas

El Festival de Cinema Independent de Barcelona L’Alternativa alcanza la mayoría de edad y se convierte en uno de los más consolidados del panorama nacional aun a pesar de la omnipresente crisis y los inevitables recortes presupuestarios, tema que por supuesto salió a colación en la rueda de prensa de presentación del festival. Además de las tres secciones oficiales (largometrajes de ficción, largometrajes de no ficción y cortometrajes), el festival abarca un ciclo dedicado al cineasta Alain Cavalier, hace un repaso al cine documental de países como Turquía o Argentina y ofrece una muestra de los trabajos realizados por diversas escuelas de cine, además de encuentros entre profesionales del sector o mesas redondas; evitando así un modelo de festival que se limita exclusivamente a la proyección de películas y promoviendo una reflexión activa por parte del espectador en torno a diversos temas relacionados con la producción y distribución de cine independiente.

La filmografía de Alain Cavalier es muy extensa, pero difícil (cuando no imposible) de ver en salas comerciales. A pesar de su avanzada edad (nació en 1931), Cavalier asiste al festival para presentar sus películas, haciendo gala durante la presentación de La Rencontre (1996) de un entrañable sentido del humor. Tanto en este como en otros filmes que se presentan en el ciclo, el cineasta utiliza el formato de diario videográfico para hablar de experiencias subjetivas y extremadamente personales (a veces con un lenguaje formal bastante cercano al de los videoartistas de los años 70). La Rencontre cuenta la historia de una relación amorosa, pero la cámara evita mostrar a los personajes y se centra en los objetos. Los pequeños elementos que rodean al cineasta sirven para estructurar una historia hecha de pequeñas anécdotas, de aparentes insignificancias que en sus manos devienen hechos cargados de significado. Apenas transcurridos unos minutos de película me vienen a la cabeza muchas cosas: entre ellas el universo que retrataba Jean-Luc Godard en una taza de café (Dos o tres cosas que sé de ella, 1967) o los diarios de Jonas Mekas, que vendrían a ser una mirada a veces complementaria, otras veces opuesta, de la del director francés. Mientras Mekas observa a través de la cámara a las personas que lo rodean, Cavalier detiene su mirada en los objetos y los lugares para hablar de dichas personas, convirtiendo sitios aparentemente impersonales como una habitación de hotel (uno de esos espacios del anonimato de los que hablaba Marc Augé) en fragmentos de sí mismo, en esbozos de su propia vida. Varios ejemplos de esto último los podemos encontrar también en Huit Récits Express (2006), otro de los trabajos de Cavalier presentados en este festival.

De entre los siete largometrajes de ficción que forman parte de la sección oficial hablamos hoy de dos de ellos. En primer lugar el filme de Julio Fernández Cordón, Las marimbas del infierno (2010): retrato cínico y descarnado, crítica social no exenta de sentido del humor, pequeño fresco que reflexiona sin pretensiones pero con agudeza sobre prejuicios, supervivencia y heavy metal. Don Alfonso es un marimbero que se queda sin trabajo y Blacko un médico pionero en la escena heavy metal de Guatemala. La falta de empleo y expectativas lleva a ambos a buscar nuevas oportunidades creando juntos una banda. Varias son las secuencias hilarantes (pero no por ello intrascendentes) que probablemente arranquen más de una sonrisa (y alguna que otra reflexión) a los espectadores.

Otra de las sorpresas encontradas en la sección oficial el segundo día de L’Alternativa fue Gravity Was Everywhere Back Then (2010): película del director, animador, músico artista y autodidacta Brent Green, que utiliza la técnica del stop-motion para contar la historia real de Leonard Wood, un ferretero que conoce a la que será su futura esposa en un accidente de tráfico y posteriormente intentará salvarla de la inevitable muerte mediante la construcción de una casa. Extraña sinopsis, ¿verdad? La obra de Green resulta sorprendente, poética en su fisicidad, y a ratos, por qué no decirlo, desconcertante. Podría recordarnos a Jean-Pierre Jeunet si no tuviese un tono tan disonante, podría parecer un videoclip de Michel Gondry si no tuviese un poso tan inquietante, podría hacernos pensar en Jan Svankmajer si la historia de amor no estuviese tan presente, podríamos ver incluso reminiscencias a Guy Maddin si no fuese tan americana (en el sentido más underground de la palabra). Pero no pretendo con esto hacer un comentario peyorativo, nada más lejos de mi intención. Lo único que estoy intentando decir es que Gravity Was Everywhere Back Then se parece a muchas cosas y al mismo tiempo no se parece a ninguna otra, bebe de muchas fuentes aunque es única en su especie. Destacan entre otras cualidades su innegable originalidad argumental (a pesar de estar basada en hechos reales), su planteamiento visual, su calidad como pequeña pieza artesanal realizada con mucho oficio, lo arriesgado de provocar una extrañeza continua en el espectador (aun a pesar de que se trate de uno de esos relatos chico-conoce-chica que tanto abundan en la historia del cine). En definitiva una pequeña joya, tal vez no perfecta pero sí fascinante, casi hipnótica, como un animal fantástico sacado de un bestiario: nos causa incomodidad pero no podemos evitar que nos guste, no podemos dejar de mirarla sin pasar por alto uno solo de sus frames.

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