Sobre la correspondencia fílmica entre José Luis Guerín y Jonas Mekas

Reflexión, acción, relación epistolar

José Luis Guerín siempre viaja con una pequeña cámara de vídeo en la maleta. Y cuando no utiliza la cámara, escribe. Porque para él la escritura y el cine tienen muchos puntos en común, algo que demuestra en la correspondencia fílmica mantenida con el cineasta lituano Jonas Mekas desde 2009 hasta la actualidad.

Cuando entro en la primera sala del CCCB las correspondencias ya han empezado: imágenes en blanco y negro se suceden en la pantalla y la voz de Guerín narra lo que pasó en aquel viaje. Las imágenes son de hace algunos años, creo que del 2008, cuando Guerín conoció a Nika Bohinc (redactora de la revista de cine Ekran y programadora de los festivales de Ljubljana e Isola) en un festival en Lisboa. Nika estaba allí para entrevistarle, pero Guerín sintió una intensa curiosidad por esta joven crítica y consiguió hábilmente invertir la situación durante un breve espacio de tiempo convirtiéndose él en el entrevistador. En ese momento, la cámara aborda un primer plano de Nika hablando sobre cine. Las imágenes no son amargas, pero la voz en off de Guerín (añadida a posteriori) sí que lo es. El director nos explica que en 2009 Nika y su pareja Alexis Tioseco, también crítico de cine, fueron asesinados por un grupo de delincuentes en su casa de Manila. Guerín le cuenta todo esto a Mekas en una de sus cartas, aunque probablemente Mekas ya lo sepa. Nika sonríe a la cámara con timidez, pero la muerte pesa demasiado y la sensación es desoladora. Algo que perdurará, aunque en menor grado, en todas las cartas que Guerín le envíe a Mekas. Porque de algún modo, las cartas de Guerín parecen retratar la imposibilidad. Puede parecer una definición un tanto vaga, lo sé, pero es la descripción más aproximativa que soy capaz de realizar. La imposibilidad de evitar la muerte, de congelar el tiempo, de ser invisible a voluntad, de evitar el mal mediático. La imposibilidad de retener los recuerdos, no como recuerdos sino como algo vivo, como aquello que fueron en su momento.

Al principio me resultó desconcertante el cruce de miradas entre José Luis Guerín y Jonas Mekas. Tenía la sensación de que hablaban dos idiomas distintos, y lo que para ellos era comunicación para mí no eran más que dos monólogos completamente independientes, de dos personas que hablaban teniendo conciencia del otro y sintiendo admiración por él, pero sin lograr escucharle. La reflexiva y analítica mirada de Guerín contrastaba de modo un tanto extraño con la inmediatez y la frescura de Mekas, que a sus 89 años sigue filmando antes y preguntando después. Necesité de unas cuantas cartas para darme cuenta de que (diferencias formales a parte) en el fondo estaban hablando de lo mismo. Aunque en mi primera impresión la admiración que sentía Guerín hacía Mekas parecía imposibilitar una relación de igual a igual, poco a poco esta sensación se fue diluyendo para dejar paso a la creencia de que ambos directores se utilizaban recíprocamente para que resultase más sencillo realizar ciertas confesiones.

 No fue hasta la carta en la que Mekas aparece en su sala de montaje que me di cuenta de que había un diálogo (un tanto extraño, pero diálogo al fin y al cabo) y de que preguntas y respuestas se habían estado sucediendo sin yo darme cuenta. En esta carta Mekas intenta recuperar unas imágenes del pasado, de hace mucho, de los años 70. En alguna de ellas aparece su viejo amigo Peter Kubelka. Mekas las observa hipnotizado una y otra vez a través del pequeño visor de su máquina de montaje: no sabe por qué, pero necesita recuperarlas. Del mismo modo que rescata estas imágenes también decide que va a juntar otros fragmentos que hasta ese momento había descartado y los va a recuperar en una película que llamará Footage.

La verdad es que no sé a qué obedecen este tipo de decisiones, pero es algo que me preocupa constantemente. Imágenes que en un momento desechamos por razones que sólo nosotros sabemos, años más tarde se convierten en aquello que necesitamos rescatar a toda costa. Y en mi mente, para terminar este breve texto, como una nota a pie de página, escribo que para Guerín el cine es reflexión, para Mekas, acción. Algo que en el fondo viene a ser lo mismo.

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Una Respuesta a Sobre la correspondencia fílmica entre José Luis Guerín y Jonas Mekas

  1. Gerard Casau dijo:

    No he visto todavía las cartas, pero de su «charla» el pasado jueves salí con la sensación de que estos dos tienen muy pocas cosas que decirse. O, en cualquier caso, de haber asistido a un espectáculo de infame fetichismo cinematográfico: lo único importante era tenerlos allí, de cuerpo presente (sobre todo a Mekas, que es más caro de ver por estos lares). Y todos a aplaudir como si no hubiese un mañana.

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