Sitges 2011 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (06/10/2011)

Empieza la fiesta

Con la expectación y los nervios habituales nos desplazamos hasta Sitges para dar inicio a nuestra ya anual cita con el Festival. Siguiendo la tradición de las últimas ediciones el pase inaugural se ha otorgado a una producción española, Eva, que además cuenta con los alicientes de ser producida por entero en Catalunya y adentrarse en un género nada habitual en la filmografía nacional como es la ciencia ficción (aunque casos hay, por ejemplo la injustamente olvidada La hora fría, Elio Quiroga, 2006).

El resultado final del film del debutante Kike Maillo se antoja más que satisfactorio. Estamos ante un film cuyo mayor acierto es no dejarse arrastrar por sus magníficos efectos especiales y ser capaz de articular una historia de corte intimista donde el drama humano se mezcla perfectamente con el habitual interrogante sobre la capacidad o no de sentir de los robots. La estética es otra de las virtudes del film, posicionándonos en un mundo de corte claramente retrofuturista sin ubicación exacta tanto en lugar como en tiempo. Ello permite al espectador centrarse de inmediato en lo que realmente importa, la historia y sus personajes. Evidentemente, y más tratándose de una ópera prima, el film no es redondo y adolece de cierto sentimentalismo fuera de lugar (la última secuencia rompe el tono del film por completo) quizás en el intento de compensar una cierta tendencia a la distancia y a la gelidez que el propio ambiente invernal transmite.

Sin salir de este ambiente nos contextualizamos un poco más y nos vamos a los helados páramos de la Alemania rural postnazi. Si La cinta blanca (Michael Haneke, 2009) nos hablaba de la incubación del mal, el film The murder farm (Bettina Oberti, 2009) nos habla de la imposibilidad de erradicarlo. Esta es una película de corte sucio que, mediante sucesivos flashbacks, trata de desentrañar la historia de un asesinato donde todo el mundo parece tener algo que ver. Un film que no deja títere con cabeza y se perfila como un negro retrato sobre la condición humana. Buenas interpretaciones, mensaje contundente y nulas pretensiones. Tres razones para dejarse llevar por el visionado de esta sencilla pero efectiva propuesta.

Y en las antípodas del film alemán está Contagion, nuevo film de Steven Soderbergh que vuelve al cine de grandes presupuestos con un film apocalíptico. Está no es claro una producción a lo Michael Bay, no estamos ante grandes efectos especiales, ni explosiones ni trucos digitales. Se trata de volcarse en el drama humano de los personajes, de su día a día, de cómo viven (y mueren) este relato epidémico que amenaza con destruir la humanidad. No falta en el film una buena dosis de crítica hacia las instituciones, el mercantilismo e incluso el uso demagógico de las nuevas tecnologías. El problema principal radica precisamente en uno de sus aparentes puntos fuertes: su reparto de lujo. Cierto es que los actores están más que correctos, pero son tantas estrellas a repartir que su papel queda demasiado desdibujado aparentando por momentos una lucha por ver quién destaca más en su actuación. Esto arroja una sensación final de cierta decepción, de film bien rodado e intencionado pero que no acaba de cuajar ni en lo formal ni en su contenido.

Punto y aparte de lo que son las películas, el Festival de Sitges de este año me ha sorprendido negativamente por la avalancha de nuevos stands de marcas y compañías que patrocinan el evento. Tampoco es una cuestión de ingenuidad, en los tiempos que corren, con la crisis y los recortes en cultura es obvio que hay que buscar financiación hasta debajo de las piedras pero, por momentos, el Auditori Meliá (enclave principal del festival) se asemejaba más a cualquier carrera de Fórmula 1 que a un evento cinematográfico. Esperemos pues que este detalle no acabe por arruinar el espíritu del Festival en pos de su canibalización comercial.

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