Sitges 2011 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (13/10/2010)

La irregularidad como bandera

Abrimos fuego esta mañana con dos propuestas que provienen del cine oriental. Por un lado Tormented de Takashi Shimizu y a continuación Sector 7 del coreano Kim Ji-hoon. Lo mejor que se puede decir de la propuesta japonesa es que no se esperaba gran cosa de ella; parece que Shimizu exprimió demasiado la idea del “J-terror” con su saga Ju-on y en esta, su última película, se dedica sin piedad a ofrecer todo un catálogo de tópicos que ya ni sorprenden ni asustan, es más, por momentos el film incurre en secuencias que bordean el ridículo más espantoso amén de estirar el metraje en lo posible desvirtuando por completo un argumento que ya de por sí en ningún momento levanta el vuelo pero que con un mayor ahorro de efectismo y metraje más reducido podía haber llegado a funcionar.

Sin embargo, la gran decepción llega de la mano de Sector 7, una monster movie muy esperada, especialmente por los fans de The Host (Bong Joon-ho, 2006), y que por desgracia no cumple en ningún caso las expectativas creadas. Se trata de un filme rodado al más puro estilo Michael Bay, mucho efectismo, personajes absolutamente planos e intrascendentes y una colección insulsa de tópicos dramáticos y referencias cinéfilas que acaban por acumularse en una amalgama indigesta y por qué no decirlo, rutinaria. Un film que no funciona en tanto que abandona la personalidad del cine coreano y se dedica a fotocopiar sin tapujos todo lo peor de los blockbusters de la industria americana.

En cambio, Carré blanc del debutante Jean-Baptiste Léonetti supone una de las sorpresas más agradables del festival. Con un film silencioso, elegante y frío en las formas nos introduce en una distopia donde la competencia entre seres humanos es llevada al extremo, con lo que ello supone de deshumanización y violencia. Una película que bebe fundamentalmente de obras como 1984 o Un mundo feliz y que representa todo un toque de atención sobre adónde puede llevarnos nuestro modelo social. De hecho una de las virtudes de la película es que plantea ciertas situaciones que rayarían el absurdo (todo lo que hace referencia a la selección de personal) si no fuera porque son demasiado cercanas, reconocibles y por ello mismo aterradoras.

Para acabar la jornada nos vamos hasta la América profunda de la mano de Kevin Smith y su incursión en el género del thriller. Una película, Red State, que aborda la temática de la intolerancia del fanatismo religioso en América desde una perspectiva un tanto irónica y desdramatizadora. Smith muestra que tiene talento para rodar pero no para componer, yéndose el film demasiadas veces por derroteros poco interesantes y desviando la atención de la trama en aspectos quizás más secundarios. Digamos pues que el director de Clerks (1994) (entre otras) quiere abarcar mucho en un metraje muy reducido imposibilitando la concreción y restando mala baba a un proyecto que al final resulta tan interesante como fallido y que se aguanta fundamentalmente por el gran trabajo de Michael Parks y John Goodman.

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