Sitges 2011 – Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (14/10/2010)

Los caminantes

Penúltimo día de festival y la acumulación de películas propuestas y desplazamientos entre cines se hace notar ya. Y es que sí, a estas alturas el desplazamiento diario de los que cubrimos el festival se va pareciendo más y más a una zombie walk sin maquillaje. Pero pasemos a analizar la jornada de hoy, es decir, las propuestas visionadas entre paseo y paseo.

Bien temprano en el Auditori asistimos a la proyección de Juan de los Muertos (Alejandro Brugués) producción cubano-española que nos presenta una posible invasión zombi en Cuba. Una propuesta que resulta más divertida como idea teórica que en su plasmación en pantalla, aquejada sobre todo de una sobresaturación de referencias cinéfilas (especialmente a George A. Romero y a Shaun of the Dead de la que copia descaradamente ideas y planos) y un look telefilmero, la película gana en cuanto a su subtexto político, resultando en lo que se refiere a la temática zombi propiamente dicha algo rutinaria. Aun así no deja de ser un entretenimiento aceptable.

Desde no muy lejos, en este caso Colombia, nos llega El Páramo (Jaime Osorio Márquez), un film de terror psicológico que juega sus mejores bazas en una atmósfera agobiante y la presencia (o no) de un ser sobrenatural que condiciona la paranoia de los protagonistas. Una película que sabe mantener una tensión sostenida que va aumentando según avance el metraje pero que, por desgracia, acaba por desvirtuarse por un último plano que busca un twist final innecesario cuando la trama ya había quedado más que resuelta y, además, de forma satisfactoria.

Con director español, Gonzalo López-Gallego (El rey de la montaña), pero de producción americana nos llega Apollo 18, una presunta nueva vuelta de tuerca al género del fake documentary que juega sus bazas en un presunto found film footage al respecto de una misión secreta de la NASA a la luna. El resultado final es tan previsible como anodino, posiblemente porque este tipo de cine ya no resulta novedoso, se repiten invariablemente los esquemas y, lo más importante, la propia naturaleza del formato lleva implícito su desenlace, ante lo cual se pierde cualquier interés por un clímax que conocemos desde el segundo 1 de proyección. Aún así, y por destacar algo, es apreciable una puesta en escena muy ajustada al contexto histórico y un metraje bastante ajustado a la narración.

Cerrando la jornada nos encontramos una propuesta en la línea de la anterior pero trasladándonos a Noruega y siguiendo los pasos de un cazador de trolls. Se trata de Troll Hunter (André Ovedal), otro falso documental que puede tener exactamente los mismos defectos ya comentados en Apollo 18 pero que, en contrapartida, ofrece elementos que la convierten en mejor película. Básicamente estamos ante una cinta irónica y autoconsciente, que se empeña en aportar, a través de un argumento bizarro, una buena dosis de guasa, crítica a ciertos estamentos del estado noruego y una cierta retranca al reírse del propio género. En definitiva una cinta que no tiene ningún tipo de pretensión más allá de entretener, arrancar alguna sonrisa y más de un susto al espectador y que cumple con creces su objetivo.

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