‘Paul’ (Greg Mottola, 2011)

Pura nostalgia

Debo reconocerlo: tengo envidia. Envidia de que, con una idea tan sencilla como homenajear la ciencia ficción y la figura del fan, Simon Pegg y Nick Frost, guionistas de Zombies Party (Shaun of the Dead, Edgar Wright, 2004) y Arma fatal (Hot Fuzz, Edgar Wright, 2007), hayan escrito una película tan correcta, dulce y encomiable como Paul. Este film es sencillamente un acto de compartir el sentimiento nostálgico de todo un imaginario colectivo, una pequeña celebración de aquello con lo que hemos crecido y por lo que nos hemos ilusionado. Entremezclando el cine de ciencia ficción con el de road movie y dándoles una nueva vuelta de tuerca, Greg Mottola (Supersalidos –Superbad, 2007, y Adventureland, 2009) dirige el guión de Pegg y Frost sabiéndose situar perfectamente en ese nivel de nostalgia y ternura en que quiere encauzarse la historia. Cuando a los pocos minutos de película somos testigos de un homenaje a aquella precaria pelea de Star Trek del capitán Kirk con un lagarto, y vemos que es un homenaje hecho con tanto cariño, inocencia y simplicidad, nos damos cuenta de que lo que nos propone este film es sencillamente mostrarse como un guiño a esa intrascendente pero vital sonrisa que la mayoría llevamos dentro.

Mas no solamente a Star Trek se dirigen los continuos homenajes de Paul, sino que todo un repertorio de la subcultura popular americana cimienta el alma de la película. Desde el cine de Steven Spielberg hasta la literatura de teorías conspirativas, pasando por el frikismo de cómics y el fanatismo engendrado por el “I want to believe” de Expediente X, Greg Mottola vuelve a hacer lo que ya consiguió con la notable Adventureland: una crónica de los momentos y fantasías vitales que han fundamentado a generaciones de jóvenes. A estas generaciones representan los dos protagonistas Graeme y Clive (a quienes interpretan precisamente los guionistas Pegg y Frost respectivamente): dos fans de los cómics y la ciencia ficción que están de visita en Estados Unidos asistiendo a la convención de la Comic-Con de San Diego y haciendo un recorrido en carretera para visitar los míticos lugares de la zona del área 51, así como el lugar en Roswell donde supuestamente se estrelló el famoso ovni en 1947. Es en este viaje en carretera donde Graeme y Clive se encuentran con Paul, un alienígena que necesita ayuda para volver a su planeta. Rápidamente nos damos cuenta de que lo que diferencia a este film de las películas de Spielberg a las que homenajea (Encuentros en la tercera fase –Close Encounters of the Third Kind, 1977 y E.T., 1982) es su humor gamberro: Paul no es el alienígena que estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla. Se trata de un extraterrestre que habla un inglés (con la voz de Seth Rogen) lleno de tacos, humor y chistes malos; es bebedor, descuidado y fumador, un tipo que nos recuerda más al personaje de Roger Smith, el extraterrestre que vive con la familia de Stan en la serie American Dad (la copia mala de Family Guy), y que para nada nos hace pensar en E.T. y su inocencia lacrimógena. De hecho, Paul está dotado de una frescura tan actual y empática, que ni tan siquiera nos fijamos en los correctos efectos digitales con los que está construido.

El guión fresco y despreocupado se entremezcla con un montaje ameno de road movie, quedando todo ello envuelto bajo un manto que canta a la amistad, al compañerismo, al espectador geek, a la soez ternura y a la inocencia primigenia que nunca debería abandonarnos del todo. Quizás el pero que podríamos hacerle al film es que acabe dejándose llevar poco por el divertido tono gamberro y rudo de su humor, conformándose con la ternura y simpatía que despierta hacia el espectador que confraterniza con la nostalgia que se transmite. No obstante, lo cierto es que en Paul, tanto Simon Pegg y Nick Frost como Greg Mottola firman una notable y encantadora película, una película construida sobre la nostalgia de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que siempre seremos.

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